Juan Páez Ávila
A lo largo de nuestra historia republicana en América Latina se han producido alguna guerras suicidas, que no han cambiado para nada las condiciones infrahumanas en que viven las grandes mayorías que pueblan este subcontinente, y que sólo han servido para modificar parcialmente las fronteras, generalmente en pequeños territorios inhóspitos, para enriquecer a unos cuantos vendedores de armas de desecho, dividirnos y sembrar odios irracionales en la conciencia de muchos, que nos alejan de una necesaria integración regional para impulsar el progreso de economías complementarias, que nos permitan acercarnos a los altos niveles de civilización alcanzados por los principales bloques naciones de nuestro tiempo. Y aunque se han dado algunos pasos interesantes y hasta prometedores, como la Comunidad Andina, el MERCOSUR y la integración de Centro América y del Caribe, todavía subsisten serios peligros de que la política integracionista sea sustituida por la hegemonía de las armas, de la guerra fraticida.
Después que el Grupo de Río logró un sorprendente y exitoso acuerdo para frenar la escalada de violencia que amenazaba con desatar una guerra, aunque fuera de opereta, entre Colombia, Ecuador y Venezuela, y retornar la normalidad en las relaciones fraternas de mutuo interés que han existido y deben seguir existiendo entre países vecinos, hermanados por lazos más que históricos, humanos en general, lo pueden convertir en el mejor escenario para contribuir con el gobierno colombiano y la guerrilla a buscar una solución pacífica a la guerra estéril que los enfrenta desde hace varias décadas.
Mientras no se ponga fin a esa confrontación armada en Colombia, los peligros de un enfrentamiento militar entre este país y sus vecinos Ecuador y Venezuela, donde es evidente que buscan refugio los principales jefes de las FARC, estarán presentes, y podríamos volver una situación prebélica en la que las buenas gestiones del Grupo de Río se encuentren ya agotadas o con poca credibilidad, porque las causas que generaron la crisis anterior no hayan sido eliminadas.
Las promesas del Presidente Uribe de no repetir una acción militar que viole la soberanía de Ecuador, para perseguir a los grupos guerrilleros, y las del Presidente Correa, apoyado por el Presidente Chávez, de no permitir en el territorio de ambos países las operaciones de la guerrilla, podrían ser anuladas no sólo por incumplimiento de alguna de las partes, sino también -y ello sería lo más probable e incontenible- si la lucha armada en Colombia continúa y toma otras dimensiones en las que la política sea desbordada por lo militar.
De allí que el Grupo de Río, aunque ha logrado apaciguar los ánimos y el continente democrático se lo agradece y ha celebrado sus buenos oficios, debería asumir, con el beneplácito de los demócratas, las más trascendental e histórica labor: invitar a una reunión extraordinaria y sentar en una mesa de discusión a los más altos representantes del gobierno de Colombia y de las FARC. Ya el Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha solicitado su intervención para buscar un acuerdo de paz. Y el Presidente Uribe en una de sus últimas declaraciones, con el sesgo propio de quien aspira un triunfo unilateral, llamó a los guerrilleros a desertar, pero también solicitó un diálogo para buscar la paz definitiva. Si el Grupo de Río interviene, Colombia podría ahorrarse más dolorosos sacrificios humanos y alcanzar la paz, vital para su pueblo y necesaria para sus vecinos.
Juan Páez Ávila
domingo, 28 de junio de 2009
NO A LA VIOLENCIA
Juan Páez Ávila
Los estudiantes universitarios no sólo lograron tener un rol protagónico, al lado de los partidos políticos y otras organizaciones democráticas del país en las elecciones para rechazar la Reforma a la Constitución Nacional propuesta por el Presidente de la República, sino que también convencieron a muchos pesimistas de que la lucha pacífica y el voto son las armas más poderosas que tiene la mayoría de los venezolanos para derrotar la tendencia autoritaria del gobierno.
De allí que una de las consecuencias que se deriva del triunfo del NO en las elecciones del 2 de diciembre, y tal vez una de las de mayor contenido cívico, es el desarme del espíritu agresivo de algunos de los integrantes de los grupos para policiales que no sólo hirieron a muchos manifestantes pacíficos, particularmente estudiantes, en los días previos al Referendo, sino que amenazaban con propiciar un conflicto violento de proporciones incalculables en el país.
Estimulados por un discurso excluyente que ha considerado al adversario político como un enemigo al que se ha de destruir, y armados irresponsablemente por algunos altos funcionarios, en la creencia de que obedecerían vertical y ciegamente sus órdenes, muchos de esos venezolanos, trabajadores la mayoría en Alcaldías y Gobernaciones, se encontraron el 2 de diciembre con que una multitudinaria concurrencia a las urnas electorales derrotó pacíficamente a su Comandante en Jefe, y celebró el triunfo llamando a la reconciliación de los venezolanos.
Una vez conocidos los resultados electorales comenzó a percibirse una atmósfera política de menor tensión, que dio inicio a un desarme mental, que debe preservarse como expresión de una conducta civilizada de quienes portando, incluso armas de guerra, no se sientan inclinados a utilizarlas contra la ciudadanía que manifiesta pacíficamente. En una democracia avanzada, que perfecciona su funcionamiento en un Estado de Derecho, una parte de la población recibe autorización para portar armamento y emplearlo en defensa de la soberanía nacional, y contra la delincuencia cuando ésta se resiste a atender y reconocer la autoridad legítimamente constituida.
Lo que parece sencillo en la teoría aunque no de fácil aplicación en la práctica, un acto de profundo contenido democrático y pacífico como el realizado el 2 de diciembre pasado, resulta ser parte de un aprendizaje para convivir en un contexto de respeto mutuo y de tolerancia en la expresión de ideas diferentes.
Una disidencia como la expresada por el grupo PODEMOS, el General Raúl Baduel y Marisabel Rodríguez, llamando a respetar el texto de la Constitución Bolivariana de Venezuela, por un socialismo democrático, es un rechazo a la arbitrariedad y a la violencia política, un NO a la guerra entre los venezolanos, para lo cual hay que avanzar en el desarme mental de quienes militan en los extremos.
Y como el futuro pertenece a la juventud, parece inevitable que no sólo por el acierto que han tenido al emerger como una fuerza pacífica y de especial credibilidad ante la sociedad contemporánea, sino también por su nivel intelectual expresado en su discurso, las organizaciones democráticas tradicionales deben seguir oyendo su mensaje, asesorándola, apoyándola y acompañándola como hasta ahora, sin permitir que aparezcan las pretensiones perversas de la manipulación, propias de una vieja política de algunos sectores e individualidades que le cerraron el paso a las nuevas generaciones que proponían profundizar y perfeccionar la democracia.
Los estudiantes universitarios no sólo lograron tener un rol protagónico, al lado de los partidos políticos y otras organizaciones democráticas del país en las elecciones para rechazar la Reforma a la Constitución Nacional propuesta por el Presidente de la República, sino que también convencieron a muchos pesimistas de que la lucha pacífica y el voto son las armas más poderosas que tiene la mayoría de los venezolanos para derrotar la tendencia autoritaria del gobierno.
De allí que una de las consecuencias que se deriva del triunfo del NO en las elecciones del 2 de diciembre, y tal vez una de las de mayor contenido cívico, es el desarme del espíritu agresivo de algunos de los integrantes de los grupos para policiales que no sólo hirieron a muchos manifestantes pacíficos, particularmente estudiantes, en los días previos al Referendo, sino que amenazaban con propiciar un conflicto violento de proporciones incalculables en el país.
Estimulados por un discurso excluyente que ha considerado al adversario político como un enemigo al que se ha de destruir, y armados irresponsablemente por algunos altos funcionarios, en la creencia de que obedecerían vertical y ciegamente sus órdenes, muchos de esos venezolanos, trabajadores la mayoría en Alcaldías y Gobernaciones, se encontraron el 2 de diciembre con que una multitudinaria concurrencia a las urnas electorales derrotó pacíficamente a su Comandante en Jefe, y celebró el triunfo llamando a la reconciliación de los venezolanos.
Una vez conocidos los resultados electorales comenzó a percibirse una atmósfera política de menor tensión, que dio inicio a un desarme mental, que debe preservarse como expresión de una conducta civilizada de quienes portando, incluso armas de guerra, no se sientan inclinados a utilizarlas contra la ciudadanía que manifiesta pacíficamente. En una democracia avanzada, que perfecciona su funcionamiento en un Estado de Derecho, una parte de la población recibe autorización para portar armamento y emplearlo en defensa de la soberanía nacional, y contra la delincuencia cuando ésta se resiste a atender y reconocer la autoridad legítimamente constituida.
Lo que parece sencillo en la teoría aunque no de fácil aplicación en la práctica, un acto de profundo contenido democrático y pacífico como el realizado el 2 de diciembre pasado, resulta ser parte de un aprendizaje para convivir en un contexto de respeto mutuo y de tolerancia en la expresión de ideas diferentes.
Una disidencia como la expresada por el grupo PODEMOS, el General Raúl Baduel y Marisabel Rodríguez, llamando a respetar el texto de la Constitución Bolivariana de Venezuela, por un socialismo democrático, es un rechazo a la arbitrariedad y a la violencia política, un NO a la guerra entre los venezolanos, para lo cual hay que avanzar en el desarme mental de quienes militan en los extremos.
Y como el futuro pertenece a la juventud, parece inevitable que no sólo por el acierto que han tenido al emerger como una fuerza pacífica y de especial credibilidad ante la sociedad contemporánea, sino también por su nivel intelectual expresado en su discurso, las organizaciones democráticas tradicionales deben seguir oyendo su mensaje, asesorándola, apoyándola y acompañándola como hasta ahora, sin permitir que aparezcan las pretensiones perversas de la manipulación, propias de una vieja política de algunos sectores e individualidades que le cerraron el paso a las nuevas generaciones que proponían profundizar y perfeccionar la democracia.
NO A LA GUERRA
Juan Páez Ávila
Los peligros de un conflicto armado con Colombia no sólo han producido alarma y preocupación en los círculos políticos y económicos de ambas naciones, sino también el rechazo de más del 80% de la población de nuestros países, que durante más de un siglo han vivido en paz y fraternidad. Y aunque la presencia en Bogotá del Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se puede interpretar como una amenaza o parte de un plan disuasivo contra el proyecto del Presidente Chávez de extender la revolución bolivariana al país vecino y otras naciones del subcontinente, nuestro Comandante en Jefe no puede ni debe llevar a los venezolanos a una guerra porque el Presidente Uribe lo haya relevado oficialmente de sus funciones de mediador del intercambio humanitario con las FARC.
Venezuela y Colombia tienen gobiernos distintos, diametralmente opuestos, porque los pueblos de ambas naciones los han electo mediante el voto, y entre ambas naciones han existido relaciones económicas de mutuo beneficio y de gran hermandad entre los habitantes de la frontera e incluso de toda la extensión de nuestros territorios. En muchos rubros, especialmente en alimentos, existe una economía complementaria que constituye un avance de integración regional. Incluso la existencia de las FARC, del ELN y de los paramilitares no ha sido obstáculo para que las buenas relaciones entre los gobiernos de cada día y de la población en general se preserven a lo largo de más de 40 años que Colombia se desangra en una guerra inútil y estúpida como todas las guerras, agravada por el narcotráfico y la violación de los derechos humanos.
Tenemos que admitir como sociedad civilizada y democrática que los problemas de Colombia los resuelven los colombianos, como los nuestros le buscamos solución los venezolanos. Y aunque Colombia tiene derecho a la aliarse con los Estados Unidos para defenderse de la guerrilla y del narcotráfico, Venezuela tiene derecho a rechazar cualquier amenaza de intervención en nuestros asuntos por parte del ejército norteamericano. Y aunque es evidente que el discurso y el manejo de una chequera petrolera por parte del Presidente Chávez se han convertido en un instrumento de intervención indebida en algunos países de América Latina, su presencia en Miraflores sólo las podemos decidir los venezolanos, y por vía democrática, electoral y pacífica.
Los venezolanos, chavistas y no chavistas, debemos decirle no a la guerra, no a la intervención extranjera y pedirle al Presidente más diplomacia y menos discursos incendiarios. Democrática y civilizadamente vamos elecciones éste y el próximo año.
Los peligros de un conflicto armado con Colombia no sólo han producido alarma y preocupación en los círculos políticos y económicos de ambas naciones, sino también el rechazo de más del 80% de la población de nuestros países, que durante más de un siglo han vivido en paz y fraternidad. Y aunque la presencia en Bogotá del Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se puede interpretar como una amenaza o parte de un plan disuasivo contra el proyecto del Presidente Chávez de extender la revolución bolivariana al país vecino y otras naciones del subcontinente, nuestro Comandante en Jefe no puede ni debe llevar a los venezolanos a una guerra porque el Presidente Uribe lo haya relevado oficialmente de sus funciones de mediador del intercambio humanitario con las FARC.
Venezuela y Colombia tienen gobiernos distintos, diametralmente opuestos, porque los pueblos de ambas naciones los han electo mediante el voto, y entre ambas naciones han existido relaciones económicas de mutuo beneficio y de gran hermandad entre los habitantes de la frontera e incluso de toda la extensión de nuestros territorios. En muchos rubros, especialmente en alimentos, existe una economía complementaria que constituye un avance de integración regional. Incluso la existencia de las FARC, del ELN y de los paramilitares no ha sido obstáculo para que las buenas relaciones entre los gobiernos de cada día y de la población en general se preserven a lo largo de más de 40 años que Colombia se desangra en una guerra inútil y estúpida como todas las guerras, agravada por el narcotráfico y la violación de los derechos humanos.
Tenemos que admitir como sociedad civilizada y democrática que los problemas de Colombia los resuelven los colombianos, como los nuestros le buscamos solución los venezolanos. Y aunque Colombia tiene derecho a la aliarse con los Estados Unidos para defenderse de la guerrilla y del narcotráfico, Venezuela tiene derecho a rechazar cualquier amenaza de intervención en nuestros asuntos por parte del ejército norteamericano. Y aunque es evidente que el discurso y el manejo de una chequera petrolera por parte del Presidente Chávez se han convertido en un instrumento de intervención indebida en algunos países de América Latina, su presencia en Miraflores sólo las podemos decidir los venezolanos, y por vía democrática, electoral y pacífica.
Los venezolanos, chavistas y no chavistas, debemos decirle no a la guerra, no a la intervención extranjera y pedirle al Presidente más diplomacia y menos discursos incendiarios. Democrática y civilizadamente vamos elecciones éste y el próximo año.
NI GOLPE NI AUTOGOLPE
Juan Páez Ávila
Es posible que algunos lectores pudieran pensar que es un exabrupto que en la Venezuela de hoy se pueda llamar a establecer un diálogo civilizado, en medio de una crispación política provocada fundamentalmente por el discurso agresivo y procaz del Presidente de la República. Sin embargo, la experiencia política mundial e incluso nacional indica que la democracia, no obstante de ser el mejor sistema de relaciones creado por el ser humano para convivir en sociedad, pasa por momentos críticos, conflictivos que la colocan borde del abismo, el camino que ha encontrado hacia el progreso y la libertad ha sido rescatar el entendimiento pacífico. El espejo de la primera y segunda guerras mundiales y de nuestras matanzas fraticidas serían suficientes para ilustrar a los más obcecados partidarios de la violencia, pero también tenemos la reciente lección que ha dado el exitoso movimiento estudiantil con sus luchas por la defensa de la libertad de expresión, enarbolando las banderas de la paz. De allí que la conclusión lógica y racional es que la solución de la presente crisis política se alcanzará mediante la lucha democrática, no mediante el golpe ni el autogolpe.
La consolidación de la democracia en Venezuela requiere desterrar de la mente de los venezolanos la menor intención o idea de golpe o autogolpe militar o cívico militar, para resolver los graves problemas económicos y sociales que confronta nuestra sociedad. La experiencia no sólo de nuestra pequeña historia, si la contamos a partir de la independencia y constitución como república, o de nuestra larga existencia si nos referimos a la época precolombina y posterior presencia u ocupación del territorio por los españoles con todas sus instituciones –políticas, sociales y económicas- del momento y su prolongado mestizaje con indígenas y africanos, nos enseña que 1a violencia únicamente han servido para destruir la economía creada por nuestros antepasados, profundizar la desigualdad social y hacer más incierto el futuro de libertad, progreso, desarrollo y bienestar de la población.
Cualquiera que sea el resultado de las elecciones del 23 de noviembre, y en particular si es favorable a la oposición, los líderes fundamentales del país están obligados, en defensa de la democracia, a llamar al diálogo y al entendimiento, en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, al Presidente Chávez, para restablecer las reglas del juego democrático, que garanticen el respeto a los resultados del voto mayoritario y la continuidad de su mandato hasta el final del período constitucional en 2012.
En la medida en que se acerca el momento del sufragio para elegir gobernadores, alcaldes y diputados a los Consejos Legislativos, seguiremos oyendo los discursos escatológicos y las amenazas del Comandante en jefe de pulverizar a los opositores, como única opción de darle ánimo a sus candidatos ineptos y repudiados por sus abandonados electores.
Es posible que algunos lectores pudieran pensar que es un exabrupto que en la Venezuela de hoy se pueda llamar a establecer un diálogo civilizado, en medio de una crispación política provocada fundamentalmente por el discurso agresivo y procaz del Presidente de la República. Sin embargo, la experiencia política mundial e incluso nacional indica que la democracia, no obstante de ser el mejor sistema de relaciones creado por el ser humano para convivir en sociedad, pasa por momentos críticos, conflictivos que la colocan borde del abismo, el camino que ha encontrado hacia el progreso y la libertad ha sido rescatar el entendimiento pacífico. El espejo de la primera y segunda guerras mundiales y de nuestras matanzas fraticidas serían suficientes para ilustrar a los más obcecados partidarios de la violencia, pero también tenemos la reciente lección que ha dado el exitoso movimiento estudiantil con sus luchas por la defensa de la libertad de expresión, enarbolando las banderas de la paz. De allí que la conclusión lógica y racional es que la solución de la presente crisis política se alcanzará mediante la lucha democrática, no mediante el golpe ni el autogolpe.
La consolidación de la democracia en Venezuela requiere desterrar de la mente de los venezolanos la menor intención o idea de golpe o autogolpe militar o cívico militar, para resolver los graves problemas económicos y sociales que confronta nuestra sociedad. La experiencia no sólo de nuestra pequeña historia, si la contamos a partir de la independencia y constitución como república, o de nuestra larga existencia si nos referimos a la época precolombina y posterior presencia u ocupación del territorio por los españoles con todas sus instituciones –políticas, sociales y económicas- del momento y su prolongado mestizaje con indígenas y africanos, nos enseña que 1a violencia únicamente han servido para destruir la economía creada por nuestros antepasados, profundizar la desigualdad social y hacer más incierto el futuro de libertad, progreso, desarrollo y bienestar de la población.
Cualquiera que sea el resultado de las elecciones del 23 de noviembre, y en particular si es favorable a la oposición, los líderes fundamentales del país están obligados, en defensa de la democracia, a llamar al diálogo y al entendimiento, en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, al Presidente Chávez, para restablecer las reglas del juego democrático, que garanticen el respeto a los resultados del voto mayoritario y la continuidad de su mandato hasta el final del período constitucional en 2012.
En la medida en que se acerca el momento del sufragio para elegir gobernadores, alcaldes y diputados a los Consejos Legislativos, seguiremos oyendo los discursos escatológicos y las amenazas del Comandante en jefe de pulverizar a los opositores, como única opción de darle ánimo a sus candidatos ineptos y repudiados por sus abandonados electores.
MOVIMIENTO SOCIAL DEMOCRÁTICO
DECLARACIÓN CONSTITUTIVA
Ante la imperiosa necesidad de participar activamente en la búsqueda de soluciones de los más ingentes problemas sociales que afectan a la sociedad venezolana, un grupo de profesionales y dirigentes vecinales compenetrados con nuestra crítica realidad social, política y económica, después de numerosas reuniones en diferentes sectores populares y de clase media, hemos decidido constituir un MOVIMIENTO SOCIAL DEMOCRÁTICO en el país, que responda a las expectativas de un liderazgo independiente, crítico y representativo de nuestra sociedad civil.
Para alcanzar tan importante y trascendente expectativa nos hemos trazado los siguientes objetivos:
1.- Organizarnos en los sectores populares y medios de la sociedad para luchar por la solución de los problemas que engendra la pobreza en centenares de miles de venezolanos, que desde hace aproximadamente 3 décadas se vienen agravando, con consecuencias cada día afectan más la calidad de vida de nuestra población.
2.- Organizarnos para, además de estudiar la problemática social, elaborar proyectos y planes de vivienda en las comunidades, para demandar políticas públicas que atiendan a su solución a corto y mediano plazo, bajo la contraloría social de los promotores.
3.- Organizarnos para demandar de las autoridades políticas de empleo permanente, para solucionar de una manera definitiva la tragedia de las familias populares que deambulan por nuestras ciudades en búsqueda de cualquier oportunidad para ganarse el sustento de sus hijos.
4.- Organizarnos para solicitar mejoras en la aplicación de las misiones que el gobierno ejecuta en los barrios populares, también vigiladas por la contraloría social, que responda a los intereses de la comunidad y no de parcialidades políticas.
5.- Organizarnos para participar en la política nacional, regional y local para contribuir a consolidar un sistema democrático de gobierno, como garantía plena del ejercicio de nuestros derechos constitucionales sociales y humanos. Para hacer conocer nuestra opinión sobre el desarrollo industrial y agropecuario del país, como objetivo fundamental para superar la pobreza de los venezolanos.
6.- Organizarnos para hacer oír nuestra voz acerca de la conveniencia, de la necesidad, de un acuerdo nacional entre trabajadores, empresarios y gobierno, para mediante el diálogo crear un clima de paz, de convivencia entre los larenses y venezolanos, condiciones imprescindibles para superar la problemática social, razón esencial de nuestra presencia en la vida pública del país.
MOVIMIENTO DE MOVIMIENTOS
Divorciados de todo dogmatismo, militarismo y personalismos estériles que han fracasado a lo largo de toda la historia del ser humano, para después de muchos años de sufrimientos, crímenes y miserias a los cuales han conducido a la sociedad moderna, hacer un alto en el camino para intentar reconstruir esa sociedad en términos de respeto a los derechos humanos, la legalidad democrática y la búsqueda del progreso social y económico, miles de venezolanos que hemos intercambiado opiniones acerca de cómo trazar un nuevo rumbo al país, hemos decidido crear una organización política o Movimiento de Movimientos que se rija por los siguientes principios:
1) Participación de diversos sectores de la sociedad venezolana, tales como: Organizaciones No Gubernamentales (ONG), asociaciones de profesionales, estudiantiles, sindicales, comunales y empresariales, convencidos de que Venezuela requiere el concurso de todos los ciudadanos para rescatar la democracia y la convivencia en un Estado de Derecho. Lucharemos por un Estado y un gobierno plural.
2) Elección universal, directa y secreta de sus autoridades, por el voto mayoritario de todos sus participantes o militantes. Esta elección se realizará en los próximos seis meses, contados a partir del momento que lo acuerde la primera consulta nacional constitutiva del Movimiento. En ese período funcionará una dirección provisional en todos los Estados y Municipios, encargada de convocar a la elección definitiva de las autoridades.
3) Todos los miembros que militen en el Movimiento y en las diversas asociaciones que lo conformen, tendrán el derecho a participar como organizadores o aspirantes para dirigir nuestra organización. El protagonismo debe ser general.
4) El período de duración en los cargos de elección interna, nacionales, estadales y municipales, será de dos años, con derecho a reelección una sola vez. Privará la alternabilidad en dichos cargos.
5) Las direcciones estadales o regionales, municipales y de las asociaciones que formen parte del Movimiento, son autónomas en lo organizativo y administrativo, excepto sobre políticas nacionales o internacionales aprobadas por la Convención Nacional u otro organismo de inferior jerarquía, autorizado por esta Convención, para tales fines. Funcionaremos como un Movimiento descentralizado.
6) Independencia y soberanía. Concientes de las condiciones mundiales de interdependencia de las naciones, lucharemos por alcanzar un alto grado de desarrollo económico, social y cultural que nos libere al máximo de cualquier dependencia de todo centro de poder mundial.
7) En lo internacional defenderemos la paz entre las naciones que por diversas razones pueden entrar en conflicto, los cuales deben ser resueltos atendiendo a los principios de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y cualquier otra organización multinacional a la cual se adhiera nuestro país. Defenderemos un país independiente y pacífico.
NUESTRA CONSTITUCIÓN ORGANIZATIVA
CONVENCIÓN NACIONAL.-
La Convención Nacional estará integrada por la Dirección Nacional, las Direcciones Estadales o Regionales, las Direcciones Municipales y los delegados que nombren las convenciones regionales y municipales, uno por cada comité o centro comunal y asociaciones que conformen el Movimiento en la región o estado correspondiente.
La Convención Nacional es la máxima autoridad que elige la Dirección Nacional y traza las políticas nacionales e internacionales que se ajusten a los principios de esta Declaración Constitutiva.
LA DIRECCIÓN NACIONAL
Estará constituida por 15 miembros electos por la Convención Nacional y será la encargada de dirigir la política día a día para hacer cumplir las disposiciones de nuestra Acta Constitutiva. A sus reuniones deberán asistir los secretarios generales de los Estados cuando se trate algún tema relacionado con su entidad respectiva, o cuando la Dirección Nacional los convoque para resolver sobre aspectos de trascendencia nacional o internacional, como en el caso específico de las alianzas electorales con otros movimientos o partidos políticos.
CONVENCIÓN REGIONAL
La Convención Regional estará integrada por la dirección regional, las direcciones municipales y parroquiales, más los delegados que nombren estas últimas, uno por cada comité de base, y uno por cada asociación que se adhiera en el Estado. Esta Convención es la máxima autoridad en el Estado respectivo, para cumplir y hacer cumplir lo dispuesto en nuestra Acta Constitutiva.
La Convención Regional elegirá, por mayoría de votos, los candidatos a diputados del Movimiento a la Asamblea Nacional y a los Consejos Legislativos
DIRECCIÓN REGIONAL
La Dirección Regional estará constituida por 9 miembros electos por el voto universal, directo y secreto de los militantes y simpatizantes del Movimiento en el Estado correspondiente. Estará encargada de ejecutar las políticas que le correspondan en la región, para el buen funcionamiento y crecimiento del Movimiento.
CONVENCIÓN MUNICIPAL
La Convención Municipal la Constituyen la Dirección Municipal, los comités parroquiales, un delegado por cada comité de base y por los organismos simpatizantes del Movimiento en el respectivo municipio. Tiene entre sus funciones la escogencia de los candidatos del Movimiento para los Concejos Municipales
DIRECCIÓN MUNICIPAL
Deberá estar integrada por 5 ó 7 miembros electos por el voto universal, directo y secreto de los militantes y simpatizantes del Movimiento en el municipio respectivo y tiene entre sus funciones principales realizar todas la políticas necesarias para apoyar las luchas sociales de los vecinos por sus reivindicaciones comunitarias, y elevar el prestigio del Movimiento en la comunidad.
Ante la imperiosa necesidad de participar activamente en la búsqueda de soluciones de los más ingentes problemas sociales que afectan a la sociedad venezolana, un grupo de profesionales y dirigentes vecinales compenetrados con nuestra crítica realidad social, política y económica, después de numerosas reuniones en diferentes sectores populares y de clase media, hemos decidido constituir un MOVIMIENTO SOCIAL DEMOCRÁTICO en el país, que responda a las expectativas de un liderazgo independiente, crítico y representativo de nuestra sociedad civil.
Para alcanzar tan importante y trascendente expectativa nos hemos trazado los siguientes objetivos:
1.- Organizarnos en los sectores populares y medios de la sociedad para luchar por la solución de los problemas que engendra la pobreza en centenares de miles de venezolanos, que desde hace aproximadamente 3 décadas se vienen agravando, con consecuencias cada día afectan más la calidad de vida de nuestra población.
2.- Organizarnos para, además de estudiar la problemática social, elaborar proyectos y planes de vivienda en las comunidades, para demandar políticas públicas que atiendan a su solución a corto y mediano plazo, bajo la contraloría social de los promotores.
3.- Organizarnos para demandar de las autoridades políticas de empleo permanente, para solucionar de una manera definitiva la tragedia de las familias populares que deambulan por nuestras ciudades en búsqueda de cualquier oportunidad para ganarse el sustento de sus hijos.
4.- Organizarnos para solicitar mejoras en la aplicación de las misiones que el gobierno ejecuta en los barrios populares, también vigiladas por la contraloría social, que responda a los intereses de la comunidad y no de parcialidades políticas.
5.- Organizarnos para participar en la política nacional, regional y local para contribuir a consolidar un sistema democrático de gobierno, como garantía plena del ejercicio de nuestros derechos constitucionales sociales y humanos. Para hacer conocer nuestra opinión sobre el desarrollo industrial y agropecuario del país, como objetivo fundamental para superar la pobreza de los venezolanos.
6.- Organizarnos para hacer oír nuestra voz acerca de la conveniencia, de la necesidad, de un acuerdo nacional entre trabajadores, empresarios y gobierno, para mediante el diálogo crear un clima de paz, de convivencia entre los larenses y venezolanos, condiciones imprescindibles para superar la problemática social, razón esencial de nuestra presencia en la vida pública del país.
MOVIMIENTO DE MOVIMIENTOS
Divorciados de todo dogmatismo, militarismo y personalismos estériles que han fracasado a lo largo de toda la historia del ser humano, para después de muchos años de sufrimientos, crímenes y miserias a los cuales han conducido a la sociedad moderna, hacer un alto en el camino para intentar reconstruir esa sociedad en términos de respeto a los derechos humanos, la legalidad democrática y la búsqueda del progreso social y económico, miles de venezolanos que hemos intercambiado opiniones acerca de cómo trazar un nuevo rumbo al país, hemos decidido crear una organización política o Movimiento de Movimientos que se rija por los siguientes principios:
1) Participación de diversos sectores de la sociedad venezolana, tales como: Organizaciones No Gubernamentales (ONG), asociaciones de profesionales, estudiantiles, sindicales, comunales y empresariales, convencidos de que Venezuela requiere el concurso de todos los ciudadanos para rescatar la democracia y la convivencia en un Estado de Derecho. Lucharemos por un Estado y un gobierno plural.
2) Elección universal, directa y secreta de sus autoridades, por el voto mayoritario de todos sus participantes o militantes. Esta elección se realizará en los próximos seis meses, contados a partir del momento que lo acuerde la primera consulta nacional constitutiva del Movimiento. En ese período funcionará una dirección provisional en todos los Estados y Municipios, encargada de convocar a la elección definitiva de las autoridades.
3) Todos los miembros que militen en el Movimiento y en las diversas asociaciones que lo conformen, tendrán el derecho a participar como organizadores o aspirantes para dirigir nuestra organización. El protagonismo debe ser general.
4) El período de duración en los cargos de elección interna, nacionales, estadales y municipales, será de dos años, con derecho a reelección una sola vez. Privará la alternabilidad en dichos cargos.
5) Las direcciones estadales o regionales, municipales y de las asociaciones que formen parte del Movimiento, son autónomas en lo organizativo y administrativo, excepto sobre políticas nacionales o internacionales aprobadas por la Convención Nacional u otro organismo de inferior jerarquía, autorizado por esta Convención, para tales fines. Funcionaremos como un Movimiento descentralizado.
6) Independencia y soberanía. Concientes de las condiciones mundiales de interdependencia de las naciones, lucharemos por alcanzar un alto grado de desarrollo económico, social y cultural que nos libere al máximo de cualquier dependencia de todo centro de poder mundial.
7) En lo internacional defenderemos la paz entre las naciones que por diversas razones pueden entrar en conflicto, los cuales deben ser resueltos atendiendo a los principios de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y cualquier otra organización multinacional a la cual se adhiera nuestro país. Defenderemos un país independiente y pacífico.
NUESTRA CONSTITUCIÓN ORGANIZATIVA
CONVENCIÓN NACIONAL.-
La Convención Nacional estará integrada por la Dirección Nacional, las Direcciones Estadales o Regionales, las Direcciones Municipales y los delegados que nombren las convenciones regionales y municipales, uno por cada comité o centro comunal y asociaciones que conformen el Movimiento en la región o estado correspondiente.
La Convención Nacional es la máxima autoridad que elige la Dirección Nacional y traza las políticas nacionales e internacionales que se ajusten a los principios de esta Declaración Constitutiva.
LA DIRECCIÓN NACIONAL
Estará constituida por 15 miembros electos por la Convención Nacional y será la encargada de dirigir la política día a día para hacer cumplir las disposiciones de nuestra Acta Constitutiva. A sus reuniones deberán asistir los secretarios generales de los Estados cuando se trate algún tema relacionado con su entidad respectiva, o cuando la Dirección Nacional los convoque para resolver sobre aspectos de trascendencia nacional o internacional, como en el caso específico de las alianzas electorales con otros movimientos o partidos políticos.
CONVENCIÓN REGIONAL
La Convención Regional estará integrada por la dirección regional, las direcciones municipales y parroquiales, más los delegados que nombren estas últimas, uno por cada comité de base, y uno por cada asociación que se adhiera en el Estado. Esta Convención es la máxima autoridad en el Estado respectivo, para cumplir y hacer cumplir lo dispuesto en nuestra Acta Constitutiva.
La Convención Regional elegirá, por mayoría de votos, los candidatos a diputados del Movimiento a la Asamblea Nacional y a los Consejos Legislativos
DIRECCIÓN REGIONAL
La Dirección Regional estará constituida por 9 miembros electos por el voto universal, directo y secreto de los militantes y simpatizantes del Movimiento en el Estado correspondiente. Estará encargada de ejecutar las políticas que le correspondan en la región, para el buen funcionamiento y crecimiento del Movimiento.
CONVENCIÓN MUNICIPAL
La Convención Municipal la Constituyen la Dirección Municipal, los comités parroquiales, un delegado por cada comité de base y por los organismos simpatizantes del Movimiento en el respectivo municipio. Tiene entre sus funciones la escogencia de los candidatos del Movimiento para los Concejos Municipales
DIRECCIÓN MUNICIPAL
Deberá estar integrada por 5 ó 7 miembros electos por el voto universal, directo y secreto de los militantes y simpatizantes del Movimiento en el municipio respectivo y tiene entre sus funciones principales realizar todas la políticas necesarias para apoyar las luchas sociales de los vecinos por sus reivindicaciones comunitarias, y elevar el prestigio del Movimiento en la comunidad.
MISIÓN CUMPLIDA
Juan Páez Ávila
MIRANDA Y BOLÍVAR (Dos Visiones) el último libro del Sociólogo y Profesor universitario, Giovanni Meza Dorta, no sólo despertará curiosidad en los lectores, tal como es la modestísima aspiración de su autor, sino que también provocará una reacción extraordinaria y positiva de algunos especialistas por sus revelaciones, tal como fue la primera impresión que me expresó el historiador Guillermo Morón, quien lo presentará en un acto especial en el IESA en los próximos días o semanas.
Para un lector aficionado a la historia como es mi caso, la exposición con sobrada documentación que hace Giovanni Meza de las concepciones contrapuestas que tuvieron los jefes patriotas sobre la democracia, nos permite precisar el origen del caudillismo militar que todavía tiene expresión en la Venezuela contemporánea, sin desconocer que sus raíces culturales se remontan a la época de los conquistadores españoles, tal como lo revela el historiador Elías Pino Iturrieta, en reciente entrevista a los medios de comunicación y en su libro, que abarca un mayor período de nuestra historia, NADA SINO UN HOMBRE.
Y aunque la democracia estaba presente en los cabildos en la época de la Colonia, según lo han demostrado algunos historiadores, los primeros planteamientos sobre nuestra democracia republicana se encuentran claramente expuestos en las discusiones de los constituyentistas, en el texto de la Constitución de 1811 e incluso en las constituciones provinciales de ese mismo año, que después de largas y profundas discusiones aprobaron. Con la Capitulación de Miranda y del Gobierno de la Primera República, la prisión del Precursor y de la mayoría de los hombres más ilustres y demócratas de esa época, emboscados en La Guaira al no poder embarcarse hacia Curazao y otros destinos, debido a concepciones diferentes y traiciones entre los primeros patricios, la primera Carta Magna y el pensamiento democrático de su mayor exponente, Francisco de Miranda, también pasaron al olvido, al destierro.
De todos es conocido que posteriormente triunfó Bolívar, el Libertador, con la fuerza de su espada, de su ejército, hasta la creación de la Gran Colombia, desmembrada luego por la acción de otros caudillos. Nuestra democracia republicana que debió comenzar en 1811, tal como demuestra Giovanni Meza, fue sustituida por el caudillismo militar.
MIRANDA Y BOLÍVAR (Dos Visiones) el último libro del Sociólogo y Profesor universitario, Giovanni Meza Dorta, no sólo despertará curiosidad en los lectores, tal como es la modestísima aspiración de su autor, sino que también provocará una reacción extraordinaria y positiva de algunos especialistas por sus revelaciones, tal como fue la primera impresión que me expresó el historiador Guillermo Morón, quien lo presentará en un acto especial en el IESA en los próximos días o semanas.
Para un lector aficionado a la historia como es mi caso, la exposición con sobrada documentación que hace Giovanni Meza de las concepciones contrapuestas que tuvieron los jefes patriotas sobre la democracia, nos permite precisar el origen del caudillismo militar que todavía tiene expresión en la Venezuela contemporánea, sin desconocer que sus raíces culturales se remontan a la época de los conquistadores españoles, tal como lo revela el historiador Elías Pino Iturrieta, en reciente entrevista a los medios de comunicación y en su libro, que abarca un mayor período de nuestra historia, NADA SINO UN HOMBRE.
Y aunque la democracia estaba presente en los cabildos en la época de la Colonia, según lo han demostrado algunos historiadores, los primeros planteamientos sobre nuestra democracia republicana se encuentran claramente expuestos en las discusiones de los constituyentistas, en el texto de la Constitución de 1811 e incluso en las constituciones provinciales de ese mismo año, que después de largas y profundas discusiones aprobaron. Con la Capitulación de Miranda y del Gobierno de la Primera República, la prisión del Precursor y de la mayoría de los hombres más ilustres y demócratas de esa época, emboscados en La Guaira al no poder embarcarse hacia Curazao y otros destinos, debido a concepciones diferentes y traiciones entre los primeros patricios, la primera Carta Magna y el pensamiento democrático de su mayor exponente, Francisco de Miranda, también pasaron al olvido, al destierro.
De todos es conocido que posteriormente triunfó Bolívar, el Libertador, con la fuerza de su espada, de su ejército, hasta la creación de la Gran Colombia, desmembrada luego por la acción de otros caudillos. Nuestra democracia republicana que debió comenzar en 1811, tal como demuestra Giovanni Meza, fue sustituida por el caudillismo militar.
MIRANDA Y BOLÍVAR
Juan Páez Ávila
MIRANDA Y BOLÍVAR (Dos Visiones) el último libro del Sociólogo y Profesor universitario, Giovanni Meza Dorta, no sólo despertará curiosidad en los lectores, tal como es la modestísima aspiración de su autor, sino que también provocará una reacción extraordinaria y positiva de algunos especialistas por sus revelaciones, tal como fue la primera impresión que me expresó el historiador Guillermo Morón, quien lo presentará en un acto especial en el IESA en los próximos días o semanas.
Para un lector aficionado a la historia como es mi caso, la exposición con sobrada documentación que hace Giovanni Meza de las concepciones contrapuestas que tuvieron los jefes patriotas sobre la democracia, nos permite precisar el origen del caudillismo militar que todavía tiene expresión en la Venezuela contemporánea, sin desconocer que sus raíces culturales se remontan a la época de los conquistadores españoles, tal como lo revela el historiador Elías Pino Iturrieta, en reciente entrevista a los medios de comunicación y en su libro, que abarca un mayor período de nuestra historia, NADA SINO UN HOMBRE.
Y aunque la democracia estaba presente en los cabildos en la época de la Colonia, según lo han demostrado algunos historiadores, los primeros planteamientos sobre nuestra democracia republicana se encuentran claramente expuestos en las discusiones de los constituyentistas, en el texto de la Constitución de 1811 e incluso en las constituciones provinciales de ese mismo año, que después de largas y profundas discusiones aprobaron. Con la Capitulación de Miranda y del Gobierno de la Primera República, la prisión del Precursor y de la mayoría de los hombres más ilustres y demócratas de esa época, emboscados en La Guaira al no poder embarcarse hacia Curazao y otros destinos, debido a concepciones diferentes y traiciones entre los primeros patricios, la primera Carta Magna y el pensamiento democrático de su mayor exponente, Francisco de Miranda, también pasaron al olvido, al destierro.
De todos es conocido que posteriormente triunfó Bolívar, el Libertador, con la fuerza de su espada, de su ejército, hasta la creación de la Gran Colombia, desmembrada luego por la acción de otros caudillos. Nuestra democracia republicana que debió comenzar en 1811, tal como demuestra Giovanni Meza, fue sustituida por el caudillismo militar.
MIRANDA Y BOLÍVAR (Dos Visiones) el último libro del Sociólogo y Profesor universitario, Giovanni Meza Dorta, no sólo despertará curiosidad en los lectores, tal como es la modestísima aspiración de su autor, sino que también provocará una reacción extraordinaria y positiva de algunos especialistas por sus revelaciones, tal como fue la primera impresión que me expresó el historiador Guillermo Morón, quien lo presentará en un acto especial en el IESA en los próximos días o semanas.
Para un lector aficionado a la historia como es mi caso, la exposición con sobrada documentación que hace Giovanni Meza de las concepciones contrapuestas que tuvieron los jefes patriotas sobre la democracia, nos permite precisar el origen del caudillismo militar que todavía tiene expresión en la Venezuela contemporánea, sin desconocer que sus raíces culturales se remontan a la época de los conquistadores españoles, tal como lo revela el historiador Elías Pino Iturrieta, en reciente entrevista a los medios de comunicación y en su libro, que abarca un mayor período de nuestra historia, NADA SINO UN HOMBRE.
Y aunque la democracia estaba presente en los cabildos en la época de la Colonia, según lo han demostrado algunos historiadores, los primeros planteamientos sobre nuestra democracia republicana se encuentran claramente expuestos en las discusiones de los constituyentistas, en el texto de la Constitución de 1811 e incluso en las constituciones provinciales de ese mismo año, que después de largas y profundas discusiones aprobaron. Con la Capitulación de Miranda y del Gobierno de la Primera República, la prisión del Precursor y de la mayoría de los hombres más ilustres y demócratas de esa época, emboscados en La Guaira al no poder embarcarse hacia Curazao y otros destinos, debido a concepciones diferentes y traiciones entre los primeros patricios, la primera Carta Magna y el pensamiento democrático de su mayor exponente, Francisco de Miranda, también pasaron al olvido, al destierro.
De todos es conocido que posteriormente triunfó Bolívar, el Libertador, con la fuerza de su espada, de su ejército, hasta la creación de la Gran Colombia, desmembrada luego por la acción de otros caudillos. Nuestra democracia republicana que debió comenzar en 1811, tal como demuestra Giovanni Meza, fue sustituida por el caudillismo militar.
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