miércoles, 23 de mayo de 2012

NI GOLPE NI AUTOGOLPE

Juan Páez Ávila

A propósito de HONDURAS

Los demócratas rechazamos todo tipo de golpe de Estado, mientras para los golpistas algunos son buenos y otros son condenables, según sus intereses personales y sus ambiciones de poder. Hugo Chávez no sólo encabezó un golpe de Estado fallido el 4 de febrero de 1992, sino que además ha convertido ese día en un fecha patria para sus partidarios, mientras trata de mover cielo y tierra para impugnar el golpe de los militares de Honduras, quienes afirman haber actuado obedeciendo una orden de la Corte Suprema de Justicia para defender la Constitución de ese país, para cuya jefatura del Estado fue electo por el Congreso el Presidente de ese Poder Legislativo, tal como lo establece la propia Constitución hondureña.
El cinismo del Comandante Chávez con relación a los golpes de Estado ya era conocido en nuestro país, en el que acusa a todos sus adversarios de enemigos golpistas, mientras su gobierno viola constantemente la Constitución Bolivariana, porque ya no le sirve para sus planes autoritarios. Y su llamado a derrocar al nuevo gobierno de Honduras no es precisamente porque sea producto de un golpe de Estado, sino porque su pupilo Manuel Zelaya no pudo imponer la convocatoria ilegal de una Constituyente para hacerse reelegir Presidente, siguiendo sus recomendaciones apoyadas con petrodólares. El fracaso de Zelaya es un revés peligrosísimo para la política de Hugo Chávez, de extender su socialismo estalinista a pequeños y pobres países del subcontinente latinoamericano, cuyos pueblos resultan manipulables con ayudas miserables que no les permiten superar la pobreza, sino ser nuevos esclavos de la nueva oligarquía que forman los nuevos ricos, embriagados de poder y de dinero malhabido.
Sin embargo, los demócratas debemos reafirmar nuestras convicciones de lucha por la libertad, el bienestar y la paz de nuestras naciones. Es posible que algunos lectores pudieran pensar que es un exabrupto que en la Venezuela de hoy se pueda llamar a establecer un diálogo civilizado, en medio de una crispación política provocada fundamentalmente por el discurso agresivo y procaz del Presidente de la República. Sin embargo, la experiencia política mundial e incluso nacional indica que la democracia, no obstante ser el mejor sistema de relaciones creado por el ser humano para convivir en sociedad, pasa por momentos críticos, conflictivos que la colocan borde del abismo, el camino que ha encontrado hacia el progreso y la libertad ha sido rescatar el entendimiento pacífico. El espejo de la primera y segunda guerras mundiales y de nuestras matanzas fraticidas serían suficientes para ilustrar a los más obcecados partidarios de la violencia, pero también tenemos la reciente lección que ha dado el exitoso movimiento estudiantil con sus luchas por la defensa de la libertad de expresión, enarbolando las banderas de la paz, los partidos políticos y diversos sectores de la sociedad civil, por la unidad nacional. De allí que la conclusión lógica y racional es que la solución de la presente crisis política se alcanzará mediante la lucha democrática, no mediante el golpe ni el autogolpe.
La consolidación de la democracia en Venezuela requiere desterrar de la mente de los venezolanos la menor intención o idea de golpe o autogolpe militar o cívico militar, para resolver los graves problemas económicos y sociales que confronta nuestra sociedad. La experiencia no sólo de nuestra pequeña historia, si la contamos a partir de la independencia y constitución como república, o de nuestra larga existencia si nos referimos a la época precolombina y posterior presencia u ocupación del territorio por los españoles con todas sus instituciones –políticas, sociales y económicas- del momento y su prolongado mestizaje con indígenas y africanos, nos enseña que 1a violencia únicamente han servido para destruir la economía creada por nuestros antepasados, profundizar la desigualdad social y hacer más incierto el futuro de libertad, progreso, desarrollo y bienestar de la población.

PERIODISTAS

Juan Páez Ávila

La convocatoria de Periodistas por la Libertad de Expresión a todos los comunicadores sociales sin distinción de ideologías políticas, a marchar por la defensa de las libertades públicas establecidas en la Constitución Nacional Bolivariana, es en principio una demostración de que en el colectivo de los periodistas, como en el de los estudiantes, existe un potencial de disidencia que puede contribuir a elevar el nivel de oposición a la tendencia autoritaria del régimen del Presidente Chávez. Lo expongo en condicional porque es necesario confirmar, en los próximos días o meses, que la marcha no será la única forma de protestar por las violaciones a la libertad de expresión con motivo del cierre de RCTV al negarle la renovación de la concesión que durante más de medio siglo venía utilizando.
El cerrojo político que le pusieron a RCTV ha afectado a densos sectores populares que disfrutaban su programación de entretenimiento, y a los jóvenes universitarios que vieron nublado su futuro sin libertades para ejercer sus profesiones y sometidos a una hegemonía comunicacional, que podría derivar en un pensamiento único. Su protagonismo está a la vista del país y del mundo, y todo parece indicar que será histórico.
El gremio de periodistas tiene tantas o más razones para asumir una actitud de lucha permanente por la defensa de las libertades ciudadanas. Según estadísticas que rigurosamente llevan los colegas Alberto Jordán Hernández y Ewald Scharfenberg, en el gobierno del Presidente Chávez se han abierto aproximadamente 300 juicios a periodistas y medios de comunicación social. 10 periodistas han sido asesinados y varios tienen hasta 3 juicios abiertos. A Globovisión le han abierto 80 procedimientos en los tribunales, al vespertino Tal Cual le impusieron una multa de más de 100 millones de bolívares con la evidente intención de quebrarlo económicamente y existe un acoso policial y judicial contra numerosos periodistas y medios de la capital y del interior de Venezuela.
De allí que las marchas el Día del Periodista en Caracas y otras ciudades del país, con la presencia de otros gremios puede ser el inicio de la convergencia de diversos sectores sociales en defensa de las libertades constitucionales y en general del Estado de Derecho.

PLEBISCITO


Juan Páez Ávila

Tal como afirmara el Vicepresidente Rangel, al retirarse la oposición de la contienda electoral del 4 de diciembre y concurrir solo los representantes del gobierno, dichas elecciones se convirtieron en un plebiscito, en el que el régimen obtuvo el 25 % de los votos emitidos, dejando al descubierto una difícil y peligrosa debilidad.
Difícil, porque muy pocos de los altos voceros del gobierno que han expresado sus puntos de vista, han entendido la gravedad del momento político y han insistido en continuar sus planes de la administración pública en contra de la mayoría de los venezolanos que con una abstención del 75% -según cifras del CNE- le han dicho que están equivocados. Sólo el propio Vicepresidente ha comprendido el significado de esa elevadísima abstención -que según cifras de instituciones privadas e incluso públicas que monitorearon el proceso electoral supera el 80%- y por eso ha propuesto volver a una mesa de diálogo.
Peligrosa, porque si predomina la voz de los neófitos o ciegos, que por una u otra razón pretenden continuar gobernando de espaldas al país, profundizando la crisis con juicios amañados, presos políticos y exclusión de la mayoría silenciosa que con su abstención lo menos que les pide es rectificación, el futuro mediato e inmediato puede resultar imprevisible.
El momento es para un diálogo sincero, en el que las partes lo primero que tienen que discutir y resolver es la necesidad de un nuevo CNE y en especial su funcionamiento como árbitro auténtico. Gobierno y oposición deben conocer el Registro Electoral, sin cartas escondidas como las direcciones de los votantes; ambos deben tener acceso a las máquinas electrónicas, con sus respectivos técnicos; el conteo del cien por ciento de las boletas depositadas en las urnas por los electores y su cotejo con los números que arrojan las máquinas. Y aunque no es mucho pedir para unas elecciones transparentes y confiables, las dudas persisten porque esto no lo resuelve el Vicepresidente, sino el Presidente de la República, quien concentra todo el poder y es el único que resuelve. Habrá que esperar.

PLURALISMO POLÍTICO


Juan Páez Ávila

En la conciencia democrática de los venezolanos se ha fortalecido la concepción plural de la política, como expresión de una voluntad de respeto al adversario y de defensa de los principios constitucionales que establecen que Venezuela es un Estado democrático y social de derecho y de justicia, y un gobierno, según el artículo 6, que será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables. De allí la resistencia de los partidos de oposición, de la sociedad civil en general, y en particular del PPT y del PCV a admitir la constitución de una partido único o un pensamiento único de los venezolanos.
Aún con todas las diferencias que se tengan con las políticas fundamentales del partidos Patria Para Todos y Comunista de Venezuela, su negativa a formar un partido único de la revolución chavista y su rebelión frente a la imposición de los candidatos a gobernadores, alcaldes y diputados a los consejos legislativos regionales por parte del Comandante en Jefe, son acontecimientos que deben y serán registrados como una contribución a la consolidación del pluralismo político en nuestro país. Incluso, lo que aparece como una conducta indigna de sus principales dirigentes frente a los insultos del Presidente de la República, no sólo es simplemente una respuesta circunstancial ante un electorado confuso del chavismo, sino también la repetición de una política o comportamiento de todos los grupos disidentes que pretenden arrastrar al mayor número posible de militantes de base de los partidos en crisis.
Después del 23 de noviembre el panorama político venezolano enseñará o revelará un nuevo rostro, un cuadro totalmente distinto al actual, en el cual el PPT y el PCV mantendrán sus objetivos estratégicos y hasta repetirán viejas consignas del marxismo-leninismo, pero podrán convivir pacíficamente con sus adversarios de la oposición e implícitamente con el partido del gobierno.
De allí que la hipótesis de la contribución del PPT y del PCV de fortalecer el pluralismo político, tiene una fundamentación histórica. Es más, de acuerdo con los resultados electorales del 23 de noviembre podría robustecer la tesis de que la democracia ha sufrido o experimentado una crisis transitoria con la intentona de los golpes de estado del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992, y con la tentativa autoritaria desde el gobierno del Comandante Chávez. Estamos en camino de rescatar el sistema democrático en las próximas elecciones y sería una mezquindad, un grave error político, no reconocer, aunque no se comparta su ideología, el rol desempeñado por estos partidos.
La consolidación de la democracia requiere de un diálogo civilizado, respetuoso de los principales actores políticos y generador de confianza en la mayoría de la sociedad, para enrumbar el país hacia el desarrollo y bienestar de la población, con especial énfasis en la calidad de vida de los más pobres y de la clase media que la ha visto naufragar en los últimos tiempos.

PORTAVIONES SIN DISCURSO


Juan Páez Ávila

Cada año, cada mes, cada semana y cada día que transcurre en nuestra accidentada historia contemporánea, el gobierno del Presidente Chávez se empantana en un sistema de corrupción sin precedente alguno, y como en un tremedal de inmoralidades se hunde irremediablemente, del que sólo se salvarán los ingenuos votantes y los disidentes que creyeron en un cambio pregonado por el discurso altisonante del comandante de los juramentados en el Samán de Guere, y que han comenzado a abandonarlo ante el increíble desnudo en que lo dejan las corruptelas que salen a la luz pública.
Y aunque son muchas las investigaciones y su correlativa denuncia que han realizado numerosos periodistas y medios de comunicación, sobre casos de corrupción que han cometido altos funcionarios públicos amparados en la indiferencia o complicidad de los Poderes Públicos, lo que cuentan los agentes encubiertos del gobierno que pretendieron sobornar a Antonini Wilson para que ocultara lo que sabía del origen y destino de los 800 mil dólares del famoso maletín, y cómo se enriquecieron cobrando y dando comisiones a altos funcionarios gubernamentales, en lo que aparece como un saqueo a los dineros de todos los venezolanos, puede ser el puntillazo final que deje sin discurso y sin votos al Comandante en Jefe.
El recurso más valioso con que ha contado el Presidente Chávez para vincularse con los sectores populares y con la sociedad nacional e internacional en general, sin duda alguna que ha sido su discurso de contenido populista y aparentemente revolucionario, que le ha permitido por cerca de 10 años de gobierno atraer la atención de la mayoría de sus interlocutores, el respaldo de un importante porcentaje de la población y el asombro hasta el temor de muchos de sus adversarios, que no podían determinar su intención de cambio pacífico o de guerra sin cuartel. Transcurrido los primeros 8 años de un ejercicio de gobierno entre promesas para unos y amenazas para otros, entre pasos atrás y luego adelante según los indicadores de su olfato político y convicciones ideológicas, el país ha comenzado a evaluarlo más por los resultados de su gestión administrativa, que por su verbo, todavía encendido, pero cada vez menos convincente.
La mayoría de los pobres, a quienes logró sacar del clóset para enrostrarles su miseria a los gobernantes que le precedieron, acusándolos de corruptos en el manejo de los dineros públicos, y de haberlos abandonado a su suerte para atender exclusivamente sus intereses personales, los de la oligarquía económica que había contribuido a elevarlos al poder y al imperio americano, siguen siendo pobres, con la excepción de los que Dietrich, su asesor ideológico, ha señalado como la boliburguesía que surgió al amparo de la corrupción, y que constituye una burla a ese pueblo que creyó en sus promesas de cambio.
Y el otro sector de los venezolanos que temió la llegada del comunismo y por lo tanto la confiscación de sus propiedades, ha sufrido los embates de la arbitrariedad y del militarismo, que desde el poder ha ejercido el gobierno del Comandante Chávez para obligarlos a vender sus bienes personales, para fortalecer un Estado capitalista y la nueva oligarquía del dinero formada por amigos y partidarios del Presidente, que se ríen del socialismo del siglo XXI que les permite enriquecerse rápida e ilegalmente.
Entre los pobres de siempre y los nuevos ricos, el discurso del Presidente se desvanece por fantasioso y demagógico. Los primeros lo abandonaron el 2/D/07 y lo repetirán el 23/N/08. Los segundos alistan sus maletas para ir a disfrutar sus habilidades inescrupulosas para enriquecerse.

PCV Y PPT

Juan Páez Ávila

Aún con todas las diferencias que se tengan con las políticas fundamentales del partidos Patria Para Todos y Comunista de Venezuela, su negativa a formar un partido único de la revolución chavista y su rebelión frente a la imposición de los candidatos a gobernadores, alcaldes y diputados a los consejos legislativos regionales por parte del Comandante en Jefe, son acontecimientos que deben y serán registrados como una contribución a la consolidación del pluralismo político en nuestro país. Incluso, lo que aparece como una conducta indigna de sus principales dirigentes frente a los insultos del Presidente de la República, no sólo es simplemente una respuesta circunstancial ante un electorado confuso del chavismo, sino también la repetición de una política o comportamiento de todos los grupos disidentes que pretenden arrastrar al mayor número posible de militantes de base de los partidos en crisis.
Después del 23 de noviembre el panorama político venezolano enseñará o revelará un nuevo rostro, un cuadro totalmente distinto al actual, en el cual el PPT y el PCV mantendrán sus objetivos estratégicos y hasta repetirán viejas consignas del marxismo-leninismo, pero podrán convivir pacíficamente con sus adversarios de la oposición e implícitamente con el partido del gobierno. Esa ha sido la dinámica política en Venezuela, especialmente vinculada a las décadas del período democrático que se inicia en 1958 con la caída de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, de partidos marxista-leninistas como fue el caso del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que con el PCV de entonces, pretendió subvertir el orden democrático, para, una vez derrotados acogerse a la lucha pacífica.
De allí que la hipótesis de la contribución del PPT y del PCV de fortalecer el pluralismo político, tiene una fundamentación histórica. Es más, de acuerdo con los resultados electorales del 23 de noviembre podría robustecer la tesis de que la democracia ha sufrido o experimentado una crisis transitoria con la intentona de los golpes de estado del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992, y con la tentativa autoritaria desde el gobierno del Comandante Chávez. Estamos en camino de rescatar el sistema democrático en las próximas elecciones y sería una mezquindad, un grave error político, no reconocer, aunque no se comparta su ideología, el rol desempeñado por estos partidos.

RÓMULO BETANCOURT


Juan Páez Ávila

Muy pocos políticos latinoamericanos del siglo XX pueden ser recordados por su pensamiento, su legado teórico y la tenacidad en la lucha para contribuir e implantar un sistema democrático en nuestro subcontinente, como es el caso de Rómulo Betancourt, quien, al cumplirse 100 años de su nacimiento, recibe el reconocimiento de historiadores y analistas políticos, incluyendo a muchos que le adversamos cuando ejerció la Primera Magistratura del país. De origen humilde, nacido Guatire, un pequeño pueblo del Estado Miranda, con una primaria formación intelectual recibida en una escuela pueblerina, de las pocas que funcionaban en la época de la dictadura de Juan Vicente Gómez, se vino a Caracas a estudiar bachillerato y luego Derecho en la Universidad Central de Venezuela, en la que hizo sus primeros contactos con una juventud que comenzaría a hacer historia al realizar sus primeras protestas contra la tiranía gomecista, que lo condujeron a la cárcel y al destierro..
Aventado al exilio se incorporó al Partido Comunista, al que abandonó al descubrir su talante totalitario, y con algunos de sus compañeros de lo que posteriormente se conocería como la Generación del 28, fundó un Partido Democrático, que legalizarían años después como Acción Democrática, con el cual arribó al poder por primera vez el 18 de Octubre de 1945, mediante un Golpe de Estado que encabezó con un grupo de militares. Nombrado Presidente de una Junta Revolucionaria de Gobierno dio comienzo a una serie de reformas políticas y sociales, como el voto de la mujer, de los jóvenes de 18 años y de los analfabetas, todo lo cual culminaría con una Constitución Democrática en 1947 y la elección de Rómulo Gallegos por el voto universal, directo y secreto, para entonces una verdadera revolución democrática.
Derrocado Rómulo Gallegos por los militares, volvió al exilio, hasta la caída de la dictadura de Pérez Jiménez el 23 de Enero de 1958. Ganó las elecciones que se realizaron ese año y presidió su período más polémico, de golpes y contragolpes, de los cuales salió victorioso al consolidar el poder civil durante 40 años, sobre un militarismo que había retrazado por varios siglos la vida civilizada y democrática de los venezolanos.
La conciencia democrática que contribuyó a forjar en las últimas décadas del siglo pasado, con la alternabilidad de gobiernos civiles, de respeto a la pluralidad de ideas y de partidos políticos, de institucionalización de las Fuerzas Armadas sometidas al poder civil, fue lo que permitió a los venezolanos derrotar los intentos de golpes de Estado del año 1992 y resistir los planes totalitarios del Comandante Chávez.