Juan Páez Ávila
Al convertir Hugo Chávez en plebiscito a su favor o en contra, las elecciones parlamentarias, el verdadero derrotado porque era el único protagonista, fue el hiperlíder del socialismo del siglo XXI, a quien le falló la condición de portaviones de otros tiempos. Para asombro del mundo democrático la única fotografía que llenó avenidas, calles y edificios a lo largo de todo el país fue la del Comandante en Jefe, a quien seguían en un plano secundario los candidatos a diputados del partido de gobierno.
Los resultados electorales, leídos con objetividad, constituyen un triunfo de la democracia, porque fue electa una Asamblea Nacional plural, con una mayoría relativa del PSUV electa con menos votos que la oposición, y sin las dos terceras partes del total de los diputados, lo cual la obligará a negociar para aprobar leyes orgánicas y elegir el Poder Judicial, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo, al Fiscal General de la República y al Consejo Nacional Electoral. Si Chávez reconoce su deterioro, podría iniciarse una etapa de reconciliación nacional, que erradique paulatinamente los odios y la violencia verbal y de los grupos para policiales y paramilitares que cometen todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos y a la Constitución Bolivariana de Venezuela.
El 52 % de los votos obtenidos por la oposición son un indicador de que Hugo Chávez ha perdido el respaldo mayoritario que había recibido en varias de las elecciones realizadas en las últimas dos décadas, lo cual debería obligarlo a revisar sus políticas económicas y sociales que han convertido a Venezuela en el país con mayor inflación y menor crecimiento, que se expresa en el más alto costo de la vida de América Latina y en la ruina del aparato productivo, con su secuela de desempleo o empleo disfrazado de buhonería, que significa mayor pobreza.
En materia política y social el Comandante Presidente debería reflexionar con relación a la violencia que desatan grupos armados que portan millones de armas de fuego y asesinan impunemente a centenares o miles de venezolanos mensual o anualmente, que han convertido a Caracas en una de las ciudades más violentas y peligrosas del mundo. De no hacerlo, continuará empujando el país hacia un precipicio de dimensiones colosales y por lo tanto de consecuencias desastrosas. Para corregirlo, varios especialistas han presentados planes de desarme, prevención y represión contra esos grupos armados.
Todo indica que el Presidente debería entenderse con la empresa privada para impulsar el desarrollo del país y darle trabajo fijo, con sueldos y salarios de quince y último, más prestaciones sociales, a millones de venezolanos. Si no hay entendimiento sin exclusión, las políticas del socialismo del siglo XXI llevarán el país al colapso, parecido al que sucumbieron los países comunistas durante décadas de gobierno durante el siglo XX. Afortunadamente los venezolanos han expresado con firmeza que rechazan y rechazarán el socialismo cubano, uno de los dos sobrevivientes de la catástrofe de la Unión Soviética y los regímenes totalitarios que logró imponer en Europa del Este, y reclamará y cobrará con votos en el 2012.
Sin embargo entramos en una nueva etapa de la vida política de la nación. Hugo Chávez tratará de dividir a la oposición, y ésta deberá trazar y ejecutar una política de consolidación y ampliación de la unidad. En cuanto a lo primero resulta imprescindible pasar la página victoriosa de las elecciones parlamentarias y cumplir a cabalidad con la agenda de las 100 Propuestas para legislar. Y en cuanto a lo segundo deberá tender puentes hacia los sectores independientes que no participaron en los comicios pasados, dando demostraciones de que realmente el país cambió y existe una alternativa democrática para cumplir y hacer cumplir la Constitución Nacional vigente, que garantiza derechos sociales e individuales que hará respetar; y algo muy especial por las dificultades que pueden ofrecer o presentar años de confrontación con el PPT. La alianza parlamentaria es fundamental para evitar desmanes del oficialismo y obligarlo a la negociación política y la reconciliación civilizada de los venezolanos. Y en los estados Amazonas y Lara deben romperse los diques del reconcomio, de los pleitos por intereses partidistas o personales, y dar comienzo a una alianza por la defensa de la descentralización, de un mejor, justo y legal situado constitucional, y por todo lo que constituya la defensa del Estado y sus habitantes, tal como lo han señalado los gobernadores Pablo Pérez, del Zulia, y César Pérez Vivas, del Táchira, tomando en cuenta las características y especificidades propias de cada región.
Juan Páez Ávila
martes, 19 de octubre de 2010
VARGAS LLOSA: LITERATURA Y POLÍTICA
Juan Páez Ávila
Desde que se publicaron los primeros textos literarios y a través de todo el tiempo transcurrido hasta nuestros días, la literatura y la política han desarrollado vasos comunicantes, algunas veces directos, aunque la mayor parte han estado relacionados de una manera sugerida. Incluso algunos regímenes han tratado de utilizar la literatura como instrumento para fines ideológicos, frente a lo cual se han rebelado los más auténticos y trascendentes creadores del arte literario, sin dejar de escribir sobre política, pero colocando cada actividad en el lugar que le corresponde.
El Premio Nobel de Literatura 2010 otorgado a Mario Vargas Llosa ha llenado regocijo no sólo al autor de La Ciudad y los Perros, La Casa Verde, La Guerra del Fin del Mundo y La Fiesta del Chivo, entre decenas de novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro y una excepcional labor periodística, sino también a sus lectores en el mundo de la literatura y en particular a los amantes y luchadores por la libertad y la democracia.
El autor lo merecía y seguramente lo esperaba desde hace algunos años, por la titánica y sólida labor literaria traducida a diferentes idiomas, reconocida por críticos y disfrutada por millones de lectores en el mundo. Exitoso en su país desde sus primeras publicaciones, fue proyectado a Latinoamérica y al universo de las letras al ganar el Premio de Novela Rómulo Gallegos en 1967 cuando apenas frisaba los 30 años de edad. Defensor de la Revolución Cubana y de todos los movimientos políticos que anunciaban un cambio social y un progreso económico para bien de los pueblos subdesarrollados, rompió con Fidel Castro cuando trató de imponer el realismo socialista, detuvieron al poeta Padilla y lo obligaron a confesar en público que su obra merecía la censura de la revolución porque no defendía al régimen existente. Desde esos tiempos Vargas Llosa se convirtió en un crítico de todas las dictaduras políticas, de izquierda o de derecha, que en nombre del futuro de los oprimidos cercenan las libertades públicas.
Pero ha sido su obra literaria la que lo ha revestido de prestigio y de gloria en diversas latitudes hasta donde han llegado sus magistrales novelas y ensayos. Declarado en diversas ocasiones partidario del realismo literario, ha creado una nueva realidad que si bien refleja algunos aspectos del mundo real objeto de su observación directa o documentada, le ha permitido ganarse el respeto y la admiración de quienes privilegian la estética, la recreación de la realidad del entorno humano y la invención de una obra de ficción extraordinaria.
Según su propia visión de la literatura, su obra es una gran mentira que transmite los efectos de las más grandes verdades de la sociedad contemporánea, el rostro oculto de la realidad que percibimos, que sólo la novela puede decir y transferir a los lectores, y el novelista puede auscultar con su imaginación. Otras verdades y en algunas oportunidades las mismas que encierran sus ficciones y mentiras literarias, las ha expresado directamente a través de su labor periodística, con tanta vehemencia y pasión como la que transmiten sus grandes obras narrativas. Su labor literaria está perfectamente delimitada de la periodística, las une su prosa magistral, el estilo directo y sus geniales sugerencias.
Finalmente, el Premio Nobel consagra a un escritor ya consagrado. La obra de Vargas Llosa, antes del Nobel, ya formaba parte de la literatura universal, ubicada en un contexto global había trascendido fronteras, convertida en una verdadera escuela para sus lectores y seguidores. Después del más resonante Premio, miles o millones han comenzado a releerlo, otro tanto, más difícil de cuantificar, tendrán la oportunidad de descubrir a uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo.
Desde que se publicaron los primeros textos literarios y a través de todo el tiempo transcurrido hasta nuestros días, la literatura y la política han desarrollado vasos comunicantes, algunas veces directos, aunque la mayor parte han estado relacionados de una manera sugerida. Incluso algunos regímenes han tratado de utilizar la literatura como instrumento para fines ideológicos, frente a lo cual se han rebelado los más auténticos y trascendentes creadores del arte literario, sin dejar de escribir sobre política, pero colocando cada actividad en el lugar que le corresponde.
El Premio Nobel de Literatura 2010 otorgado a Mario Vargas Llosa ha llenado regocijo no sólo al autor de La Ciudad y los Perros, La Casa Verde, La Guerra del Fin del Mundo y La Fiesta del Chivo, entre decenas de novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro y una excepcional labor periodística, sino también a sus lectores en el mundo de la literatura y en particular a los amantes y luchadores por la libertad y la democracia.
El autor lo merecía y seguramente lo esperaba desde hace algunos años, por la titánica y sólida labor literaria traducida a diferentes idiomas, reconocida por críticos y disfrutada por millones de lectores en el mundo. Exitoso en su país desde sus primeras publicaciones, fue proyectado a Latinoamérica y al universo de las letras al ganar el Premio de Novela Rómulo Gallegos en 1967 cuando apenas frisaba los 30 años de edad. Defensor de la Revolución Cubana y de todos los movimientos políticos que anunciaban un cambio social y un progreso económico para bien de los pueblos subdesarrollados, rompió con Fidel Castro cuando trató de imponer el realismo socialista, detuvieron al poeta Padilla y lo obligaron a confesar en público que su obra merecía la censura de la revolución porque no defendía al régimen existente. Desde esos tiempos Vargas Llosa se convirtió en un crítico de todas las dictaduras políticas, de izquierda o de derecha, que en nombre del futuro de los oprimidos cercenan las libertades públicas.
Pero ha sido su obra literaria la que lo ha revestido de prestigio y de gloria en diversas latitudes hasta donde han llegado sus magistrales novelas y ensayos. Declarado en diversas ocasiones partidario del realismo literario, ha creado una nueva realidad que si bien refleja algunos aspectos del mundo real objeto de su observación directa o documentada, le ha permitido ganarse el respeto y la admiración de quienes privilegian la estética, la recreación de la realidad del entorno humano y la invención de una obra de ficción extraordinaria.
Según su propia visión de la literatura, su obra es una gran mentira que transmite los efectos de las más grandes verdades de la sociedad contemporánea, el rostro oculto de la realidad que percibimos, que sólo la novela puede decir y transferir a los lectores, y el novelista puede auscultar con su imaginación. Otras verdades y en algunas oportunidades las mismas que encierran sus ficciones y mentiras literarias, las ha expresado directamente a través de su labor periodística, con tanta vehemencia y pasión como la que transmiten sus grandes obras narrativas. Su labor literaria está perfectamente delimitada de la periodística, las une su prosa magistral, el estilo directo y sus geniales sugerencias.
Finalmente, el Premio Nobel consagra a un escritor ya consagrado. La obra de Vargas Llosa, antes del Nobel, ya formaba parte de la literatura universal, ubicada en un contexto global había trascendido fronteras, convertida en una verdadera escuela para sus lectores y seguidores. Después del más resonante Premio, miles o millones han comenzado a releerlo, otro tanto, más difícil de cuantificar, tendrán la oportunidad de descubrir a uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo.
lunes, 19 de julio de 2010
LAS COMUNAS ELECTORALES
Juan Páez Ávila
Agotado Barrio Adentro como un instrumento, inventado en Miraflores con asesoramiento cubano, para llevarle algunos beneficios a los sectores más depauperados de la población, que generalmente sufragan por quienes les resuelven o les prometen resolver sus problemas, de hambre y miseria que les ocasiona el desempleo, el Comandante Presidente le ordenó a la Asamblea Nacional aprobar una Ley sobre las Comunas, antes Consejos Comunales, para tratar de remontar las encuestas que colocan a su administración pública al nivel de PDVAL y sus containers podridos en puertos y depósitos en diferentes dependencias oficiales.
Las comunas, como las desaparecidas cooperativas, impuestas desde arriba, aunque den la sensación de que el pueblo participa y será protagónico de una revolución social o comunista, no sobrevivirán al 2012, si es que los precios del petróleo experimentan una espiral inflacionaria y superan los 100 dólares por barril. De lo contrario serán otro fracaso más, desde el punto de vista del mejoramiento de la calidad de vida de los más pobres, o del empoderamiento de los mismos hacia el socialismo del siglo XXI. Lo que no es descartable, a la luz de la experiencia pasada, es que el reparto de dinero desde el gobierno central, le dé oxigeno a algunos candidatos oficiales a diputados, y hasta al propio Hugo Chávez como aspirante a la reelección indefinida como Presidente.
Pero como algunos economistas sostienen que ni siquiera con mejores precios del petróleo se recuperará el aparato productivo, porque el reparto de los ingresos petroleros no crea riqueza ni empleo seguro, es posible que los comuneros se coman lo que les enviarán desde Miraflores y continúen soportando sus carencias, hasta que la realidad los convenza de que no son protagonistas de ninguna revolución, sino objetos de manipulación electoral.
El principal soporte de nuestra hipótesis acerca del fracaso de los comunas aprobadas en Miraflores y en la Asamblea Nacional, y no creadas por los sectores interesados en el trueque y en cero ganancias por su trabajo productivo, es que esos sectores no existen en nuestra sociedad, y menos entre los pobres que lo que buscan es progreso y bienestar personal y familiar. De allí el éxito de las cooperativas del Estado Lara y otros estados, creadas por sus propios productores y consumidores, para beneficio de todos.
El dinero que el gobierno pueda gastar en los próximos tres meses, en las comunas, tratando de desplazar a la Alternativa Democrática del primer lugar de las encuestas y del sentimiento de la mayoría de los venezolanos que pide un cambio de rumbo, le demostrará a Hugo Chávez y sobre todo a los chavistas que todavía creen en el discurso del Comandante, que se puede engañar a mucha gente por un tiempo determinado, pero que después de 11 años de mentiras y verdades a medias, de alimentos podridos y enriquecimiento ilícito de unos pocos burócratas corrompidos, los electores más conscientes sufragarán por una Asamblea Nacional plural e independiente del Ejecutivo.
Como ha sucedido en la mayoría de nuestros países latinoamericanos, de cuyas mayorías paupérrimas se han querido aprovechar algunos gobernantes demagogos y antidemocráticos, manipulando a los más incautos, al ser descubiertos en sus planes personalistas y militaristas, han pretendido mantenerse en el poder por el fraude y la violencia, pero han sido derrotado por los votos o por el derrocamiento.
En Venezuela hemos escogido el camino electoral y pacífico, pero nadie puede vislumbrar cual será el desenlace final, si Hugo Chávez, para prolongarse en el poder, apela a la fuerza para consumar un fraude. De eso también hay ejemplos en América Latina. Pinochet y Pérez Jiménez trataron de desconocer los resultados de unas elecciones. Fujimori lo logró por pocos meses. Los resultados para todos, son conocidos. Ni sus más cercanos seguidores, que días antes les juraban absoluta lealtad, obedecieron sus órdenes. Los venezolanos, como lo afirmó
Agotado Barrio Adentro como un instrumento, inventado en Miraflores con asesoramiento cubano, para llevarle algunos beneficios a los sectores más depauperados de la población, que generalmente sufragan por quienes les resuelven o les prometen resolver sus problemas, de hambre y miseria que les ocasiona el desempleo, el Comandante Presidente le ordenó a la Asamblea Nacional aprobar una Ley sobre las Comunas, antes Consejos Comunales, para tratar de remontar las encuestas que colocan a su administración pública al nivel de PDVAL y sus containers podridos en puertos y depósitos en diferentes dependencias oficiales.
Las comunas, como las desaparecidas cooperativas, impuestas desde arriba, aunque den la sensación de que el pueblo participa y será protagónico de una revolución social o comunista, no sobrevivirán al 2012, si es que los precios del petróleo experimentan una espiral inflacionaria y superan los 100 dólares por barril. De lo contrario serán otro fracaso más, desde el punto de vista del mejoramiento de la calidad de vida de los más pobres, o del empoderamiento de los mismos hacia el socialismo del siglo XXI. Lo que no es descartable, a la luz de la experiencia pasada, es que el reparto de dinero desde el gobierno central, le dé oxigeno a algunos candidatos oficiales a diputados, y hasta al propio Hugo Chávez como aspirante a la reelección indefinida como Presidente.
Pero como algunos economistas sostienen que ni siquiera con mejores precios del petróleo se recuperará el aparato productivo, porque el reparto de los ingresos petroleros no crea riqueza ni empleo seguro, es posible que los comuneros se coman lo que les enviarán desde Miraflores y continúen soportando sus carencias, hasta que la realidad los convenza de que no son protagonistas de ninguna revolución, sino objetos de manipulación electoral.
El principal soporte de nuestra hipótesis acerca del fracaso de los comunas aprobadas en Miraflores y en la Asamblea Nacional, y no creadas por los sectores interesados en el trueque y en cero ganancias por su trabajo productivo, es que esos sectores no existen en nuestra sociedad, y menos entre los pobres que lo que buscan es progreso y bienestar personal y familiar. De allí el éxito de las cooperativas del Estado Lara y otros estados, creadas por sus propios productores y consumidores, para beneficio de todos.
El dinero que el gobierno pueda gastar en los próximos tres meses, en las comunas, tratando de desplazar a la Alternativa Democrática del primer lugar de las encuestas y del sentimiento de la mayoría de los venezolanos que pide un cambio de rumbo, le demostrará a Hugo Chávez y sobre todo a los chavistas que todavía creen en el discurso del Comandante, que se puede engañar a mucha gente por un tiempo determinado, pero que después de 11 años de mentiras y verdades a medias, de alimentos podridos y enriquecimiento ilícito de unos pocos burócratas corrompidos, los electores más conscientes sufragarán por una Asamblea Nacional plural e independiente del Ejecutivo.
Como ha sucedido en la mayoría de nuestros países latinoamericanos, de cuyas mayorías paupérrimas se han querido aprovechar algunos gobernantes demagogos y antidemocráticos, manipulando a los más incautos, al ser descubiertos en sus planes personalistas y militaristas, han pretendido mantenerse en el poder por el fraude y la violencia, pero han sido derrotado por los votos o por el derrocamiento.
En Venezuela hemos escogido el camino electoral y pacífico, pero nadie puede vislumbrar cual será el desenlace final, si Hugo Chávez, para prolongarse en el poder, apela a la fuerza para consumar un fraude. De eso también hay ejemplos en América Latina. Pinochet y Pérez Jiménez trataron de desconocer los resultados de unas elecciones. Fujimori lo logró por pocos meses. Los resultados para todos, son conocidos. Ni sus más cercanos seguidores, que días antes les juraban absoluta lealtad, obedecieron sus órdenes. Los venezolanos, como lo afirmó
martes, 13 de julio de 2010
CHÁVEZ CONTRA GLOBOVISIÓN
Juan Páez Ávila
Cuando apenas faltaban unos 7 meses para la elección de los diputados a la Asamblea Nacional, con todo el control de los Poderes Públicos el Comandante Hugo Chávez no se atrevió a intervenir y sacar del aire a Globovisión, porque el costo político a pagar sería muy elevado, y porque las encuestas ya indicaban que ese próximo Poder Legislativo no lo podrá controlar con la misma discreción y abuso con que ha manejado a la mayoría de quienes fueron elegidos, previamente escogidos por su dedo de gran elector, con un 15 o 20% del electorado hace cuatro años aproximadamente.
La salida de Alberto Federico Ravel de la dirección de Globovisión y la presión para una posible venta de las acciones de los poseedores de la mayoría del capital invertido en esa planta televisora, dejó al desnudo la política hegemónica que viene imponiendo su régimen autoritario,, personalista y militarista, restringiendo cada vez más la libertad de expresión y de empresa.
Las nuevas amenazas del Presidente de la República contra Globovisión, mediante la intervención de Fogade para que asuma el paquete accionario de Nelson Mezherane, y de la Fiscalía General de la República para que solicite el aseguramiento de los bienes de Guillermo Zuloaga, sus accionistas mayoritarios, pueden tener un costo político mucho más elevado, al calculado hace unos 4 meses cuando se inhibió de darle el zarpazo, e incluso que el cierre de Radio Caracas TV.
A menos de 3 meses para que se realicen las elecciones para escoger los diputados a la Asamblea Nacional, la ejecución de esa medida a través de organismos del Estado controlados por el Jefe del gobierno, con apoyo de las fuerzas de seguridad públicas, será evidentemente vista como una ocupación militar no sólo contra empresarios acusados ante los tribunales de cometer supuestos delitos comunes, sino contra perseguidos políticos, contra la libertad de expresión y abusivo ventajismo electoral contra los partidos políticos y sectores de la sociedad civil que participan desde la oposición, y tienen como único canal televiso de comunicación a Globovisión. Y ello sin contar con el ya manifiesto rechazo de más del 60% de los potenciales electores consultados sobre el cierre de Globovisión, en las últimas encuestas, cuyo número podría aumentar al sumársele muchos chavistas democráticos y miles de personas, hasta hoy indiferentes, como los llamados Ni-Ni, en lo que a todas luces seria un atropello oficial, que no dejaría dudas acerca de la marcha del gobierno hacia el totalitarismo comunicacional, al estilo del comunismo cubano.
El Presidente debería recordar que más del 80% de los venezolanos consultados rechaza el comunismo cubano, uno de los pocos sobrevivientes de los regímenes totalitarios que desaparecieron el siglo pasado, sin guerras y sin muertos, en la Unión Soviética y en la Europa occidental donde, después una larga dictadura, volvieron a un sistema de pluralismo político, libertad de expresión y de empresa privada.
Sin apoyo mayoritario nacional e internacional el Comandante Chávez podría llevar el país a una crisis política de difícil solución, sin diálogo y sin rumbo seguro, que arrastraría a los suyos y a todo el país a un peligroso abismo.
Cuando apenas faltaban unos 7 meses para la elección de los diputados a la Asamblea Nacional, con todo el control de los Poderes Públicos el Comandante Hugo Chávez no se atrevió a intervenir y sacar del aire a Globovisión, porque el costo político a pagar sería muy elevado, y porque las encuestas ya indicaban que ese próximo Poder Legislativo no lo podrá controlar con la misma discreción y abuso con que ha manejado a la mayoría de quienes fueron elegidos, previamente escogidos por su dedo de gran elector, con un 15 o 20% del electorado hace cuatro años aproximadamente.
La salida de Alberto Federico Ravel de la dirección de Globovisión y la presión para una posible venta de las acciones de los poseedores de la mayoría del capital invertido en esa planta televisora, dejó al desnudo la política hegemónica que viene imponiendo su régimen autoritario,, personalista y militarista, restringiendo cada vez más la libertad de expresión y de empresa.
Las nuevas amenazas del Presidente de la República contra Globovisión, mediante la intervención de Fogade para que asuma el paquete accionario de Nelson Mezherane, y de la Fiscalía General de la República para que solicite el aseguramiento de los bienes de Guillermo Zuloaga, sus accionistas mayoritarios, pueden tener un costo político mucho más elevado, al calculado hace unos 4 meses cuando se inhibió de darle el zarpazo, e incluso que el cierre de Radio Caracas TV.
A menos de 3 meses para que se realicen las elecciones para escoger los diputados a la Asamblea Nacional, la ejecución de esa medida a través de organismos del Estado controlados por el Jefe del gobierno, con apoyo de las fuerzas de seguridad públicas, será evidentemente vista como una ocupación militar no sólo contra empresarios acusados ante los tribunales de cometer supuestos delitos comunes, sino contra perseguidos políticos, contra la libertad de expresión y abusivo ventajismo electoral contra los partidos políticos y sectores de la sociedad civil que participan desde la oposición, y tienen como único canal televiso de comunicación a Globovisión. Y ello sin contar con el ya manifiesto rechazo de más del 60% de los potenciales electores consultados sobre el cierre de Globovisión, en las últimas encuestas, cuyo número podría aumentar al sumársele muchos chavistas democráticos y miles de personas, hasta hoy indiferentes, como los llamados Ni-Ni, en lo que a todas luces seria un atropello oficial, que no dejaría dudas acerca de la marcha del gobierno hacia el totalitarismo comunicacional, al estilo del comunismo cubano.
El Presidente debería recordar que más del 80% de los venezolanos consultados rechaza el comunismo cubano, uno de los pocos sobrevivientes de los regímenes totalitarios que desaparecieron el siglo pasado, sin guerras y sin muertos, en la Unión Soviética y en la Europa occidental donde, después una larga dictadura, volvieron a un sistema de pluralismo político, libertad de expresión y de empresa privada.
Sin apoyo mayoritario nacional e internacional el Comandante Chávez podría llevar el país a una crisis política de difícil solución, sin diálogo y sin rumbo seguro, que arrastraría a los suyos y a todo el país a un peligroso abismo.
viernes, 2 de julio de 2010
LA CAMPAÑA ELECTORAL
Juan Páez Ávila
En las proximidades de las elecciones para la Asamblea Nacional, como sucede en cualquier otro momento electoral, la ciudadanía exige conocer lo que se proponen realizar los candidatos, y en particular, cuando se trata de votar por las posibilidades de un cambio en la conducción del país, del comando de campaña que dirigirá la estrategia para provocar ese cambio.
Como respuesta a estas inquietudes, a nombre de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo presentó al país el equipo de dirigentes de los partidos y de la sociedad civil que coordinará las principales acciones a escala nacional, porque en cada uno de los estados y municipios, funcionará un comando de campaña unitario, para iguales fines en su respectiva jurisdicción.
E conjunto de proposiciones la elaboró una Comisión de Propuestas Programáticas de la Mesa de la Unidad Democrática, y por su contenido podría ser suscrito por todos aquellos demócratas que, sin distingo de ideologías o de militancia política, aspiren a la construcción de una sociedad civilizada, tolerante, en permanente diálogo, respetuosa de los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución Nacional vigente.
La sociedad venezolana debería realizar un debate en los medios de comunicación social, acerca del contenido de las mismas propuestas y de todos los temas que a juicio de ciudadanos de todos los niveles sociales, deben formar parte del intercambio no sólo de ideas abstractas y generales, sino también de las prioridades económicas y sociales que revelan los problemas más urgentes que confrontan todos los sectores la población.
En la Venezuela de hoy, para enfrentar al gobierno que pretende imponernos un pensamiento único, que de lograrlo nos llevaría a una dictadura, se requiere de una gran amplitud y firmeza para tomar iniciativas, defender y difundir propuestas democráticas como las expresadas por la Comisión de la Unidad Democrática.
. Las primeras conclusiones dadas a conocer por la Comisión de Propuestas Programáticas de la Mesa de la Unidad Democrática, tienen la virtud de ser muy concretas y coincidentes con las aspiraciones de millones de venezolanos que sufren los efectos de la recesión económica, de la inflación, la intolerancia, la inseguridad y el desempleo, provocados por un gobierno de ineptos que han despilfarrado miles de millones de dólares provenientes del petróleo.
El deber de votar es ahora insoslayable para elegir una Asamblea Nacional plural, que impida que Chávez continúe violando la Constitución Nacional vigente e investigue, por ejemplo, los responsables de la pérdida de miles de toneladas de alimentos que se han podrido en los puertos controlados por el PSUV y los cubanos, y toda la corrupción que prolifera en las más altas esferas del régimen. Los venezolanos que defendemos la democracia como sistema político y forma de vida civilizada, estamos obligados a agotar los mecanismos constitucionales para lograr una solución pacífica y democrática a la presente crisis económica y social que ha creado el gobierno chavista, cada día más próximo a un desbarrancadero.
De allí que la campaña electoral, aunque lleve el peso de los candidatos a diputados, también debe ser responsabilidad de todos los venezolanos con un mínimo grado de conciencia ciudadana, y muy particularmente de los dirigentes sociales, de los partidos políticos y de la sociedad civil, con algún ascendiente entre los habitantes de cada uno de los circuitos electorales. Y para que la victoria democrática contra la marcha totalitaria de Hugo Chávez y el grupo estalinistas y oportunistas que le sigue, sea producto de la sociedad en su conjunto, hay que salir a votar y a defender el voto, tal como lo establece y manda la Constitución Nacional vigente desde 1999.
En las proximidades de las elecciones para la Asamblea Nacional, como sucede en cualquier otro momento electoral, la ciudadanía exige conocer lo que se proponen realizar los candidatos, y en particular, cuando se trata de votar por las posibilidades de un cambio en la conducción del país, del comando de campaña que dirigirá la estrategia para provocar ese cambio.
Como respuesta a estas inquietudes, a nombre de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón Guillermo Aveledo presentó al país el equipo de dirigentes de los partidos y de la sociedad civil que coordinará las principales acciones a escala nacional, porque en cada uno de los estados y municipios, funcionará un comando de campaña unitario, para iguales fines en su respectiva jurisdicción.
E conjunto de proposiciones la elaboró una Comisión de Propuestas Programáticas de la Mesa de la Unidad Democrática, y por su contenido podría ser suscrito por todos aquellos demócratas que, sin distingo de ideologías o de militancia política, aspiren a la construcción de una sociedad civilizada, tolerante, en permanente diálogo, respetuosa de los derechos ciudadanos establecidos en la Constitución Nacional vigente.
La sociedad venezolana debería realizar un debate en los medios de comunicación social, acerca del contenido de las mismas propuestas y de todos los temas que a juicio de ciudadanos de todos los niveles sociales, deben formar parte del intercambio no sólo de ideas abstractas y generales, sino también de las prioridades económicas y sociales que revelan los problemas más urgentes que confrontan todos los sectores la población.
En la Venezuela de hoy, para enfrentar al gobierno que pretende imponernos un pensamiento único, que de lograrlo nos llevaría a una dictadura, se requiere de una gran amplitud y firmeza para tomar iniciativas, defender y difundir propuestas democráticas como las expresadas por la Comisión de la Unidad Democrática.
. Las primeras conclusiones dadas a conocer por la Comisión de Propuestas Programáticas de la Mesa de la Unidad Democrática, tienen la virtud de ser muy concretas y coincidentes con las aspiraciones de millones de venezolanos que sufren los efectos de la recesión económica, de la inflación, la intolerancia, la inseguridad y el desempleo, provocados por un gobierno de ineptos que han despilfarrado miles de millones de dólares provenientes del petróleo.
El deber de votar es ahora insoslayable para elegir una Asamblea Nacional plural, que impida que Chávez continúe violando la Constitución Nacional vigente e investigue, por ejemplo, los responsables de la pérdida de miles de toneladas de alimentos que se han podrido en los puertos controlados por el PSUV y los cubanos, y toda la corrupción que prolifera en las más altas esferas del régimen. Los venezolanos que defendemos la democracia como sistema político y forma de vida civilizada, estamos obligados a agotar los mecanismos constitucionales para lograr una solución pacífica y democrática a la presente crisis económica y social que ha creado el gobierno chavista, cada día más próximo a un desbarrancadero.
De allí que la campaña electoral, aunque lleve el peso de los candidatos a diputados, también debe ser responsabilidad de todos los venezolanos con un mínimo grado de conciencia ciudadana, y muy particularmente de los dirigentes sociales, de los partidos políticos y de la sociedad civil, con algún ascendiente entre los habitantes de cada uno de los circuitos electorales. Y para que la victoria democrática contra la marcha totalitaria de Hugo Chávez y el grupo estalinistas y oportunistas que le sigue, sea producto de la sociedad en su conjunto, hay que salir a votar y a defender el voto, tal como lo establece y manda la Constitución Nacional vigente desde 1999.
COLOMBIA HOY Y MAÑANA
Juan Páez Ávila
Las últimas elecciones realizadas en América Latina revelan una tendencia no sólo a la defensa de la democracia representativa, sino también una clara inclinación hacia la aprobación de políticas de centro, para no hablar de derecha democrática, que respeta la alternabilidad en el poder, la independencia de los poderes públicos y busca el progreso a través de importantes inversiones económicas del capital nacional e internacional.
El triunfo de Juan Manuel Santos, conocido o aceptado antes de que se escrutaran los votos de la segunda vuelta, ratifican un presente de seguridad democrática y abre una perspectiva de mayor firmeza en el combate a la guerrilla, el narcotráfico y el paramilitarismo, y de posible desarrollo económico sostenido en los próximos años en Colombia. El gobierno de Santos actuará con tanta o mayor consistencia que el de Uribe, contra el terrorismo y el tráfico de estupefacientes, casi como un mandato de los colombianos que con su votación ratifican la gestión del actual Presidente, a lo cual hay que agregarle la política de unidad nacional levantada como bandera del candidato victorioso.
La política de seguridad democrática se fortaleció con el rescate de 4 militares, un general, dos coroneles y un sargento que habían sido secuestrados por las FARC hacía aproximadamente 12 años, y la política de unidad nacional aumentará la confianza en el futuro de la economía de Colombia, que actualmente registra un crecimiento superior al 5% del producto interno bruto (PIB) y control de la inflación, que estimularán la inversión nacional e internacional, que a su vez generará un mejor empleo y un mayor bienestar de la población.
Ante esa incuestionable realidad el Presidente Electo, Juan Manuel Santos, ha invitado a sus vecinos Venezuela y Ecuador a reestablecer sus relaciones comerciales y diplomáticas en un marco de mutuo respeto e interés económico. Y aunque la respuesta ha sido favorable de los Presidentes Rafael Correa y Hugo Chávez, y hasta es posible que se inicien conversaciones oficiales, mientras no se aclare y se resuelva la supuesta presencia en territorio venezolano de campamentos de las FARC, según denuncia hecha por el todavía Presidente Uribe Vélez, ningún pronunciamiento diplomático, por muy contundente y habilidoso que se haga de parte y parte, alejará los peligros latentes de nuevas tensiones que, si no se controlan, podrían ir más de los micrófonos de radio y TV.
La fortaleza de Santos, apoyada por la inmensa mayoría de los colombianos y los Estados Unidos, debería llamar a la reflexión al Presidente Chávez, para no continuar dividiendo el país entre ¨revolucionarios¨ y ¨escuálidos¨, aunque tenga el respaldo de la Cuba de Fidel Castro, ya moribundo, y sin muchas garantías de que lo haga su hermano Raúl Castro.
Hugo Chávez tendrá que enfrentar a un nuevo jefe de Estado inclinado a tender puentes, tal como lo ha expresado en varias de sus intervenciones públicas como Presidente Electo, pero también capaz de endurecer sus políticas a extremos ya conocidos, nada tolerantes a las amenazas, dobles juegos e insultos de sus adversarios. Cualquier error de cálculo puede ser peligroso para las buenas relaciones y la paz en la región.
Frente a un Jefe de Estado de las características de Juan Manuel Santos, el Comandante Chávez, que cada día pierde más respaldo de los venezolanos y de la democracia internacional, deberá medir sus pasos con respecto al respaldo a las FARC e incluso a sus planes de extender su proyecto político al país vecino. En interés de todos, venezolanos y colombianos, el momento político es de cooperación y convivencia entre los dos gobiernos y las dos naciones.
Las últimas elecciones realizadas en América Latina revelan una tendencia no sólo a la defensa de la democracia representativa, sino también una clara inclinación hacia la aprobación de políticas de centro, para no hablar de derecha democrática, que respeta la alternabilidad en el poder, la independencia de los poderes públicos y busca el progreso a través de importantes inversiones económicas del capital nacional e internacional.
El triunfo de Juan Manuel Santos, conocido o aceptado antes de que se escrutaran los votos de la segunda vuelta, ratifican un presente de seguridad democrática y abre una perspectiva de mayor firmeza en el combate a la guerrilla, el narcotráfico y el paramilitarismo, y de posible desarrollo económico sostenido en los próximos años en Colombia. El gobierno de Santos actuará con tanta o mayor consistencia que el de Uribe, contra el terrorismo y el tráfico de estupefacientes, casi como un mandato de los colombianos que con su votación ratifican la gestión del actual Presidente, a lo cual hay que agregarle la política de unidad nacional levantada como bandera del candidato victorioso.
La política de seguridad democrática se fortaleció con el rescate de 4 militares, un general, dos coroneles y un sargento que habían sido secuestrados por las FARC hacía aproximadamente 12 años, y la política de unidad nacional aumentará la confianza en el futuro de la economía de Colombia, que actualmente registra un crecimiento superior al 5% del producto interno bruto (PIB) y control de la inflación, que estimularán la inversión nacional e internacional, que a su vez generará un mejor empleo y un mayor bienestar de la población.
Ante esa incuestionable realidad el Presidente Electo, Juan Manuel Santos, ha invitado a sus vecinos Venezuela y Ecuador a reestablecer sus relaciones comerciales y diplomáticas en un marco de mutuo respeto e interés económico. Y aunque la respuesta ha sido favorable de los Presidentes Rafael Correa y Hugo Chávez, y hasta es posible que se inicien conversaciones oficiales, mientras no se aclare y se resuelva la supuesta presencia en territorio venezolano de campamentos de las FARC, según denuncia hecha por el todavía Presidente Uribe Vélez, ningún pronunciamiento diplomático, por muy contundente y habilidoso que se haga de parte y parte, alejará los peligros latentes de nuevas tensiones que, si no se controlan, podrían ir más de los micrófonos de radio y TV.
La fortaleza de Santos, apoyada por la inmensa mayoría de los colombianos y los Estados Unidos, debería llamar a la reflexión al Presidente Chávez, para no continuar dividiendo el país entre ¨revolucionarios¨ y ¨escuálidos¨, aunque tenga el respaldo de la Cuba de Fidel Castro, ya moribundo, y sin muchas garantías de que lo haga su hermano Raúl Castro.
Hugo Chávez tendrá que enfrentar a un nuevo jefe de Estado inclinado a tender puentes, tal como lo ha expresado en varias de sus intervenciones públicas como Presidente Electo, pero también capaz de endurecer sus políticas a extremos ya conocidos, nada tolerantes a las amenazas, dobles juegos e insultos de sus adversarios. Cualquier error de cálculo puede ser peligroso para las buenas relaciones y la paz en la región.
Frente a un Jefe de Estado de las características de Juan Manuel Santos, el Comandante Chávez, que cada día pierde más respaldo de los venezolanos y de la democracia internacional, deberá medir sus pasos con respecto al respaldo a las FARC e incluso a sus planes de extender su proyecto político al país vecino. En interés de todos, venezolanos y colombianos, el momento político es de cooperación y convivencia entre los dos gobiernos y las dos naciones.
domingo, 6 de junio de 2010
EL TRIUNFO DE SANTOS
Juan Páez Ávila
El triunfo de Juan Manuel Santos, duplicando a su rival más cercano, Antanas Mockus, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, cuando las encuestas pronosticaban un empate técnico, revela que en América Latina tiende a consolidarse una política de lucha frontal contra el terrorismo y el narcotráfico. Los pueblos aspiran buscar su progreso y bienestar en un clima de paz y convivencia civilizada, no más improvisaciones, frente a realidades críticas y difíciles de superar con espejismo aparentemente revolucionarios, cuando la experiencia nacional e internacional indica que es inútil repetir saltos al vacío, con impredecibles consecuencias.
Guiado por los porcentajes que obtuvo cada uno de los candidatos a la Presidencia de la República de Colombia en las elecciones del domingo pasado, no es aventurado afirmar que el próximo Jefe del Estado del vecino país será Juan Manuel Santos, quien dará continuidad a la política de seguridad democrática del actual Presidente Álvaro Uribe Vélez, seguramente con algunos matices propios de la personalidad política del ex –ministro de Hacienda y de Defensa, y orientada a mejorar las cifras de la economía nacional y de los niveles de vida de la población.
La realidad colombiana indica que la lucha contra el narcotráfico, la guerrilla y el para militarismo, con éxitos evidentes por parte del gobierno de Uribe y ejecutada por el propio Santos desde el Ministerio de la Defensa, se prolongará por algunos años, para poder colocarla en condiciones de negociar la paz en Colombia, objetivo máximo de todo político, especialmente gobernante, que aspire llevar a su país a un régimen de respeto a los derechos humanos, a una reconciliación civilizada, y a la consolidación de una sociedad apta para el progreso y la búsqueda del bienestar de la mayoría de su ciudadanos.
Si Juan Manuel Santos es capaz de combinar sus conocimientos de política militar con la política económica y social, con la cooperación del Vicepresidente Angelino Garzón, ex sindicalista y ex –ministro del Trabajo, Colombia podría convertirse en el mediano plazo en uno de los países de subcontinente iberoamericano, con mayor crecimiento y respetabilidad en el mundo globalizado que se hace irreversible, ineluctable, para enfrentar con éxito los desafíos del siglo XXI.
Y aunque en política no es muy aconsejable pronosticar el futuro, los pueblos, las naciones, pueden confiar en la experiencia de sus gobernantes, cuando éstos han demostrado no sólo vocación de poder, sino también talante democrático, firmeza en la defensa de sus políticas y conocimiento de los graves problemas económicos y sociales que tienen que contribuir a resolver en cualquier país del mundo, y particularmente en aquellos que como Colombia –y el nuestro, por ejemplo- que además de subdesarrollados, están amenazados por la violencia, expresada en el terrorismo y el narcotráfico, los más terribles males, morbos criminales que afectan la vida y la cultura democrática del globo.
Convocados a ejercer el derecho a la alternabilidad en el poder, a través de la elección del más alto cargo ejecutivo de la nación, los colombianos sufragaron mayoritariamente por el candidato que les garantizaba una mayor confianza en el futuro, a partir de un presente de seguridad democrática y desarrollo económico sostenible, que les ofrecía Juan Manuel Santos, economista actualizado y político sagaz, duro y conciliador según las circunstancias.
El triunfo de Juan Manuel Santos, duplicando a su rival más cercano, Antanas Mockus, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, cuando las encuestas pronosticaban un empate técnico, revela que en América Latina tiende a consolidarse una política de lucha frontal contra el terrorismo y el narcotráfico. Los pueblos aspiran buscar su progreso y bienestar en un clima de paz y convivencia civilizada, no más improvisaciones, frente a realidades críticas y difíciles de superar con espejismo aparentemente revolucionarios, cuando la experiencia nacional e internacional indica que es inútil repetir saltos al vacío, con impredecibles consecuencias.
Guiado por los porcentajes que obtuvo cada uno de los candidatos a la Presidencia de la República de Colombia en las elecciones del domingo pasado, no es aventurado afirmar que el próximo Jefe del Estado del vecino país será Juan Manuel Santos, quien dará continuidad a la política de seguridad democrática del actual Presidente Álvaro Uribe Vélez, seguramente con algunos matices propios de la personalidad política del ex –ministro de Hacienda y de Defensa, y orientada a mejorar las cifras de la economía nacional y de los niveles de vida de la población.
La realidad colombiana indica que la lucha contra el narcotráfico, la guerrilla y el para militarismo, con éxitos evidentes por parte del gobierno de Uribe y ejecutada por el propio Santos desde el Ministerio de la Defensa, se prolongará por algunos años, para poder colocarla en condiciones de negociar la paz en Colombia, objetivo máximo de todo político, especialmente gobernante, que aspire llevar a su país a un régimen de respeto a los derechos humanos, a una reconciliación civilizada, y a la consolidación de una sociedad apta para el progreso y la búsqueda del bienestar de la mayoría de su ciudadanos.
Si Juan Manuel Santos es capaz de combinar sus conocimientos de política militar con la política económica y social, con la cooperación del Vicepresidente Angelino Garzón, ex sindicalista y ex –ministro del Trabajo, Colombia podría convertirse en el mediano plazo en uno de los países de subcontinente iberoamericano, con mayor crecimiento y respetabilidad en el mundo globalizado que se hace irreversible, ineluctable, para enfrentar con éxito los desafíos del siglo XXI.
Y aunque en política no es muy aconsejable pronosticar el futuro, los pueblos, las naciones, pueden confiar en la experiencia de sus gobernantes, cuando éstos han demostrado no sólo vocación de poder, sino también talante democrático, firmeza en la defensa de sus políticas y conocimiento de los graves problemas económicos y sociales que tienen que contribuir a resolver en cualquier país del mundo, y particularmente en aquellos que como Colombia –y el nuestro, por ejemplo- que además de subdesarrollados, están amenazados por la violencia, expresada en el terrorismo y el narcotráfico, los más terribles males, morbos criminales que afectan la vida y la cultura democrática del globo.
Convocados a ejercer el derecho a la alternabilidad en el poder, a través de la elección del más alto cargo ejecutivo de la nación, los colombianos sufragaron mayoritariamente por el candidato que les garantizaba una mayor confianza en el futuro, a partir de un presente de seguridad democrática y desarrollo económico sostenible, que les ofrecía Juan Manuel Santos, economista actualizado y político sagaz, duro y conciliador según las circunstancias.
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