miércoles, 15 de abril de 2009

LA HEGEMONÍA COMUNICACIONAL

Juan Páez Ávila

La idea de Francisco de Miranda de la creación de Colombia y ejecutada por Simón Bolívar, conocida más tarde como la Gran Colombia, dividida por el caudillismo de allá y de acá del siglo XIX, y tratada en cierto modo de ser restablecida por la Comunidad Andina de Naciones en un contexto democrático moderno, ha creado nexos humanos, sociales y económicos, no obstante las diferencias políticas de los gobiernos existentes en la actualidad, que difícilmente pueden ser violentados o destruidos por una guerra estúpida y suicida provocada por el delirio destructivo de uno de sus gobernantes. Y aunque hubiese un ejército que obedeciera una orden antimirandina y antibolivariana, de agredir e invadir uno u otro territorio, los pueblos de Venezuela y de Colombia la rechazarían y la condenarían con la firmeza que generan la fraternidad histórica y los intereses comunes.
Los peligros de un conflicto armado con Colombia no sólo han producido alarma y preocupación en los círculos políticos y económicos de ambas naciones, sino también el rechazo de más del 80% de la población de nuestros países, que durante más de un siglo han vivido en paz y fraternidad. Y aunque la presencia en Bogotá del Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se puede interpretar como una amenaza o parte de un plan disuasivo contra el proyecto del Presidente Chávez de extender la revolución bolivariana al país vecino y otras naciones del subcontinente, nuestro Comandante en Jefe no puede ni debe llevar a los venezolanos a una guerra porque el Presidente Uribe lo haya relevado oficialmente de sus funciones de mediador del intercambio humanitario con las FARC.
Venezuela y Colombia tienen gobiernos distintos, diametralmente opuestos, porque los pueblos de ambas naciones los han electo mediante el voto, y entre ambas naciones han existido relaciones económicas de mutuo beneficio y de gran hermandad entre los habitantes de la frontera e incluso de toda la extensión de nuestros territorios. En muchos rubros, especialmente en alimentos, existe una economía complementaria que constituye un avance de integración regional. Incluso la existencia de las FARC, del ELN y de los paramilitares no ha sido obstáculo para que las buenas relaciones entre los gobiernos de cada día y de la población en general se preserven a lo largo de más de 40 años que Colombia se desangra en una guerra inútil y mortalmente destructiva como todas las guerras, agravada por el narcotráfico y la violación de los derechos humanos.
Tenemos que admitir como sociedad civilizada y democrática que los problemas de Colombia los resuelven los colombianos, como los nuestros le buscamos solución los venezolanos. Y aunque Colombia tiene derecho a la aliarse con los Estados Unidos para defenderse de la guerrilla y del narcotráfico, Venezuela tiene derecho a rechazar cualquier amenaza de intervención en nuestros asuntos por parte del ejército norteamericano. Y aunque es evidente que el discurso y el manejo de una chequera petrolera por parte del Presidente Chávez se han convertido en un instrumento de intervención indebida en algunos países de América Latina, su presencia en Miraflores sólo las podemos decidir los venezolanos, y por vía democrática, electoral y pacífica.
Los venezolanos, chavistas y no chavistas, debemos decirle no a la guerra, no a la intervención extranjera y pedirle al Presidente más diplomacia y menos discursos incendiarios. Democrática y civilizadamente vamos elecciones éste y el próximo año.

LA GUERRA CON COLOMBIA

Juan Páez Ávila

La idea de Francisco de Miranda de la creación de Colombia y ejecutada por Simón Bolívar, conocida más tarde como la Gran Colombia, dividida por el caudillismo de allá y de acá del siglo XIX, y tratada en cierto modo de ser restablecida por la Comunidad Andina de Naciones en un contexto democrático moderno, ha creado nexos humanos, sociales y económicos, no obstante las diferencias políticas de los gobiernos existentes en la actualidad, que difícilmente pueden ser violentados o destruidos por una guerra estúpida y suicida provocada por el delirio destructivo de uno de sus gobernantes. Y aunque hubiese un ejército que obedeciera una orden antimirandina y antibolivariana, de agredir e invadir uno u otro territorio, los pueblos de Venezuela y de Colombia la rechazarían y la condenarían con la firmeza que generan la fraternidad histórica y los intereses comunes.
Los peligros de un conflicto armado con Colombia no sólo han producido alarma y preocupación en los círculos políticos y económicos de ambas naciones, sino también el rechazo de más del 80% de la población de nuestros países, que durante más de un siglo han vivido en paz y fraternidad. Y aunque la presencia en Bogotá del Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se puede interpretar como una amenaza o parte de un plan disuasivo contra el proyecto del Presidente Chávez de extender la revolución bolivariana al país vecino y otras naciones del subcontinente, nuestro Comandante en Jefe no puede ni debe llevar a los venezolanos a una guerra porque el Presidente Uribe lo haya relevado oficialmente de sus funciones de mediador del intercambio humanitario con las FARC.
Venezuela y Colombia tienen gobiernos distintos, diametralmente opuestos, porque los pueblos de ambas naciones los han electo mediante el voto, y entre ambas naciones han existido relaciones económicas de mutuo beneficio y de gran hermandad entre los habitantes de la frontera e incluso de toda la extensión de nuestros territorios. En muchos rubros, especialmente en alimentos, existe una economía complementaria que constituye un avance de integración regional. Incluso la existencia de las FARC, del ELN y de los paramilitares no ha sido obstáculo para que las buenas relaciones entre los gobiernos de cada día y de la población en general se preserven a lo largo de más de 40 años que Colombia se desangra en una guerra inútil y mortalmente destructiva como todas las guerras, agravada por el narcotráfico y la violación de los derechos humanos.
Tenemos que admitir como sociedad civilizada y democrática que los problemas de Colombia los resuelven los colombianos, como los nuestros le buscamos solución los venezolanos. Y aunque Colombia tiene derecho a la aliarse con los Estados Unidos para defenderse de la guerrilla y del narcotráfico, Venezuela tiene derecho a rechazar cualquier amenaza de intervención en nuestros asuntos por parte del ejército norteamericano. Y aunque es evidente que el discurso y el manejo de una chequera petrolera por parte del Presidente Chávez se han convertido en un instrumento de intervención indebida en algunos países de América Latina, su presencia en Miraflores sólo las podemos decidir los venezolanos, y por vía democrática, electoral y pacífica.
Los venezolanos, chavistas y no chavistas, debemos decirle no a la guerra, no a la intervención extranjera y pedirle al Presidente más diplomacia y menos discursos incendiarios. Democrática y civilizadamente vamos elecciones éste y el próximo año.

LA GENEERACIÓN DEL 2007-08

Juan Páez Ávila

La insurgencia del movimiento estudiantil universitario en el escenario político durante el año 2007 y su participación en las principales manifestaciones pacíficas en defensa de la libertad de expresión y de otros derechos ciudadanos en general, que culminara con el llamado a votar NO en el referendo del 2 de diciembre, con los resultados conocidos, no sólo produjo un cambio evidente en la correlación de fuerzas políticas en el país, sino que también marca el futuro de la democracia venezolana.
Y aunque sus dirigentes fundamentales han señalado con frecuencia que no serán objeto de manipulación por la vieja política que fracasó en el pasado y en el presente, por no haber resuelto los graves problemas del desempleo, de la inseguridad, de la vivienda y de la pobreza en general, tienen que consolidar ciertos valores éticos y morales que hoy ostentan como jóvenes soñadores, acertados en la escogencia de la no violencia como forma de lucha y armados de un gran coraje cívico que les ha permitido superar las primeras pruebas de la represión política.
Pero no es la represión policial o militar el único obstáculo que tendrán que enfrentar y vencer. En una sociedad muy corrompida en casi todos los aspectos de la vida política, social y económica, las tentaciones del dinero y del enriqueciendo fácil e ilegal los acecharán a lo largo de muchos años. Pero hay algo muy importante a tener en cuenta, y dos ejemplos pueden servir si no como guía absoluta, sí para la discusión. Simón Bolívar gastó parte de su fortuna en la política, y aunque algunos historiadores se lo atribuyen a su gran ambición de poder, lo cierto es que nadie ha podido condenarlo por haberse apropiado de bienes de la nación, como lo han hecho algunos bolivarianos, a lo largo de nuestra historia republicana, que han utilizado su nombre y su prestigio para encubrir sus falacias políticas. El otro, más polémico por lo reciente de su actuación que sin duda ha dejado cicatrices no totalmente curadas, es Rómulo Betancourt. No tuvo fortuna qué gastar, pero vivió como un luchador de todos los días por su vocación de servicio a la nación, un político honesto a quien han exaltado, después de una razonable rectificación, algunos historiadores que lo adversaron, y no sólo en la teoría sino también en el combate político.
La generación 2007 no puede ser soslayada con discursos displicentes y menos con pretensiones excluyentes, de quienes todavía no han admitido que fracasaron como máximos conductores de un país cada día más pobre, inseguro y éticamente corrompido por culpa de muchas de sus actuaciones u omisiones. La superación de esta crisis sólo podrá alcanzarse si los partidos políticos, en recuperación, comparten espacios con esta juventud emergente.

LA EXPULSIÓN DE VIVANCO

Juan Páez Ávila

Resulta insólito y antihistórico que en momentos en que por recomendación de la Unión Africana, Mugabe llama al diálogo y a formar gobierno a la oposición encabezada por Tsvangirai, para evitarle una guerra civil o una oleada de violencia a ese pobre país de Zimbaue, cuando por recomendación de UNASUR Evo Morales comienza a dialogar con los prefectos de la oposición para buscar una salida pacífica a esa otra pobre nación de Bolivia, el Comandante en Jefe, Hugo Chávez, ordena expulsar de nuestro territorio al Director de la Organización No Gubernamental para las Américas Human Rights Wach, José Miguel Vivanco, un político chileno de conocida trayectoria democrática que se ha dedicado a defender los Derechos Humanos, los mismos que establece la Constitución Bolivariana de Venezuela. Ante semejante despropósito uno tiene que concluir que el Presidente Chávez ha perdido la brújula y por lo tanto el rumbo que los nuevos tiempos de UNASUR y la Unión Africana le señalan a este tercer mundo en el cual estamos sumergidos, con la grave evidencia de dejar al descubierto su proyecto represivo de tendencia totalitaria.
La intolerancia del Comandante Chávez le ha dado la razón al contenido del Informe de Human Rights Wach, nada lo retrata con más exactitud de violador de los Derechos Humanos cuando no es capaz de ordenarle a uno de sus ministros que desmienta al señor Vivanco con sus argumentos de siempre, negando los señalamientos formulados en dicho Informe y por la libertad con que actúa en nuestro país del Director para las Américas de esa Organización No Gubernamental. La polémica no hubiera durado más de 2 días en los medios de comunicación y no se habría convertido en el escándalo internacional que ha provocado su expulsión.
Los vaivenes del Presidente, según las circunstancias políticas del momento, parecen indicar que el Comandante en Jefe considera que todavía tiene la chequera cargada de dólares, 5 Regiones Militares comandadas por sus respectivos Mayores Generales y las milicias bolivarianas prestas a su defensa personal, para desafiar a la conciencia democrática de los venezolanos, de América Latina y del mundo. Por ello podemos inferir que sólo un cambio en las circunstancias políticas de hoy, con una segunda derrota electoral el 23/N/08, lo lleve a pensar que UNASUR y la Unión Africana lo invitan si no es que lo obligan al diálogo civilizado.

LA ENTREVISTA CHÁVEZ-URIBE

Juan Páez Ávila


Una vez confirmada la entrevista entre los presidentes de Colombia y Venezuela, Álvaro Uribe y Hugo Chávez en las próximas semanas o meses, con la finalidad de mejorar las relaciones económicas y políticas entre ambos países, después de producido el llamamiento del Jefe del gobierno venezolano a las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) para que depongan las armas y se dispongan a participar en la lucha política por la vía democrática y electoral, se puede reafirmar la hipótesis de quienes planteamos la posibilidad de alcanzar un acuerdo pacífico y definitivo para superar el conflicto violento que todavía vive y sufre la sociedad colombiana, se puede convertir en un hecho de dimensiones internacionales a mediano plazo.
Las FARC se encuentran acosadas por un cerco militar adelantado por el Ejército de Colombia, a un extremo tal que las han desplazado de las zonas pobladas por campesinos y obligado a refugiarse en la selva y en algunos países fronterizos donde, hasta ahora, habían encontrado apoyo o por lo menos cierta tolerancia a cambio de no agredir a sus habitantes. Si a la invocación o convocatoria del Presidente Chávez se une la misma actitud del Presidente Correa del Ecuador, el asedio militar por parte de las Fuerzas Armadas colombianas adquiere una dimensión política subcontinental, que independientemente de los objetivos de los gobiernos de Venezuela y Ecuador, a la guerrilla se le hace casi imposible sobrevivir por mucho tiempo en las condiciones militares y políticas sobrevenidas.
La experiencia latinoamericana y particularmente la venezolana con el fracaso militar y el éxito elector de Chávez para conquistar el poder, es evidentemente el arma más convincente que tanto el presidente venezolano como el ecuatoriano, tienen en sus manos para persuadir a algunos jefes de las FARC, porque es posible que no todos se acojan en una primera instancia a la política de paz, para que cambien la forma de lucha sin renunciar a su estrategia de hacerse con el poder en Colombia.
Imposibilitados de salir de la selva hacia zonas pobladas por campesinos y menos hacia las ciudades, los guerrilleros tienen hoy la alternativa de negociar la paz o morir como el Ché Guevara, el más emblemático de los líderes de la guerra de guerrillas, solitarios y aislados. Los que persistan en una guerra inútil, sin posibilidades de victoria, sólo les queda la alternativa del narcotráfico, como forma de vida.
La entrevista de los presidentes Chávez y Uribe no podrá obviar el intercambio de opiniones acerca de las posibilidades de entrar en una etapa de negociación entre las FARC, el ELN y el gobierno colombiano, tomando en cuenta los llamamientos del presidente venezolano y del ecuatoriano Rafael Correa a la guerrilla de Colombia para que deponga las armas y sus dirigentes busquen vías pacíficas y democráticas de participación en la política de su país.
Una negociación política propiciada por los jefes de los gobiernos de Venezuela y Ecuador, que conduzca a la paz en Colombia, dejaría sin efecto el archivo que elaboraba y conservaba para la historia, el Segundo Comandante de la FARC, Raúl Reyes, abatido por el ejército colombiano en territorio ecuatoriano, cuyo contenido conoce parcial o totalmente el mundo político. La crisis que atraviesan las FARC, prácticamente desarticulada por la acción de ejército de Colombia, y la situación difícil que viven en sus respectivos países y sobre todo en el área internacional, los presidentes Chávez y Correa, al ser abiertamente descubierta su complicidad con la guerrilla, los obliga a abandonar el apoyo a la violencia como forma de lucha para buscar el poder. No parece exagerado inferir que para evitar una derrota mortal para los jefes de la FARC y un juicio en tribunales internacionales a sus aliados, éstos pueden coincidir con el Presidente Uribe, en que la paz en la región es fundamental para los colombianos, Latinoamérica y el mundo democrático.

LA DISIDENCIA

Juan Páez Ávila

La decisión del Presidente de la República de solicitarle a la Asamblea Nacional la aprobación de una Reforma Constitucional, que adecue la actual a sus intereses personales de perpetuarse en el poder por tiempo indefinido, si bien ha sido obedecida por la mayoría de los integrantes del Poder Legislativo y apoyada por otros Poderes Públicos bajo su control, ha generado una nueva disidencia interna en el llamado chavismo que lo puede conducir a la derrota.
El grupo PODEMOS registra hoy, según algunas encuestas conocidas, un 12% de apoyo popular, y si a ello se agrega el terremoto político que ha causado en las filas del chavismo el pronunciamiento del ex -Ministro de la Defensa, General Raúl Isaías Baduel en contra de esa reforma y llamando a votar NO en el Referendo Consultivo el 2 de diciembre, más los efectos que pudo haber causado la rebelión civil de la ex -Primera Dama de la República, Marisabel Rodríguez, y otras disidencias que revelan la crisis en el conglomerado chavista, el Comandante en Jefe puede enfrentar en los próximos días la profundización de un grave conflicto nacional.
En un momento político en el que el país presencia numerosas protestas de diferentes sectores sociales que manifiestan estar con el Presidente, pero denuncian ineficiencia y corrupción en los funcionarios nombrados el propio Primer Magistrado, y piden solución a múltiples promesas incumplidas en medio de trancas de vías públicas, no es exagerado concluir que el peor error político que ha cometido el Comandante en Jefe en lo que lleva al frente del gobierno, puede ser éste de intentar la confección de un traje constitucional a la medida de sus ambiciones de caudillo por la voluntad del “pueblo bolivariano y socialista”.
Y por si todo este difícil panorama político no fuera suficiente para formarse la hipótesis de que Chávez empuja al país hacia una peligrosa crisis política, de la cual aspira salir victorioso para consolidar su proyecto de socialismo del siglo XXI, sus más cercanos asesores ideológicos lo alertan sobre un resbaladizo futuro y le recomiendan negociar.
Un Jefe de Estado que cada día va quedando más solitario, perdidos algunos operadores políticos que contribuyeron a llevarlo al poder, y apartados otros por considerarlos innecesarios y posiblemente algún estorbo, depende hoy de su propia capacidad política no sólo para preservar el poder, sino también para imponer un régimen autoritario a una sociedad democrática, apegada a la Constitución Nacional aprobada por el mismo y que ordena su defensa en caso de violación a sus postulados fundamentales. Su confrontación con la nueva y la vieja disidencia puede que no sea la última que tenga que enfrentar, pero todo indica que no le será fácil superarla.

LA DICTADURA PERFECTA

Juan Páez Ávila

En el hemisferio occidental se consolida, aunque con algunos serios tropiezos que han dejado una lamentable estela de violación de los derechos humanos, el sistema democrático que desde la revolución francesa con la conquista de la libertad, justicia e igualdad, el hombre -y la mujer desde luego en esta época- se han empeñado en establecer como forma civilizada de convivencia en la sociedad. Después de la derrota del nazismo y del fascismo en Alemania e Italia y el derrumbe de la Unión Soviética, para mencionar los ejemplos de mayor repercusión mundial, la humanidad se inclina a buscar solución a sus problemas económicos y sociales en un régimen en el que la pluralidad y el respecto entre los adversarios, permita dilucidar sus diferencias en libertad.
En nuestro subcontinente latinoamericano, lo que el escritor Mario Vargas Llosa llamó la dictadura perfecta para referirse a la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México, mediante el control de los Poderes Públicos y de la sociedad en general por parte del Poder Ejecutivo, no sólo se desplomó en la nación mexicana, sino que con los recientes resultados electorales escrutados en Paraguay, también han finalizado más de 60 años de hegemonía de la Partido Colorado, con lo que queda demostrado que toda dictadura es imperfecta por lo derrotable a corto o largo plazo. Tanto la dictadura sostenida mediante la represión brutal contra quienes piensan distinto, como aquella que pretende lavarse el rostro oscuro de la violencia, exhibiendo una fachada democrática por su origen electoral, pero controlando todos los poderes y la sociedad en general sin contrapesos legales, han sido derrotadas por la voluntad libertaria del ser humano.
De allí lo que comienza a observarse y a conocerse en Cuba como un giro lento pero irreversible hacia una apertura a la convivencia en un régimen de mayores libertades económicas, con la evidente inclinación a abrir otros caminos hacia la libertad política, en la que ya comienza a oírse y a leerse la palabra de Fidel Castro como parte de una voz importante, pero no de un mandato. Y en nuestro país, si triunfa la oposición, como lo indican las encuestas, debemos prepararnos para la reconciliación de todos los venezolanos y una convivencia pacífica, civilizada, con el chavismo.